LEYENDAS SEVILLANAS DE FRAY DIEGO “EL BUENO”

En la Catedral hay un sepulcro muy interesante: el del arzobispo Diego de Deza y Tavera en la Capilla de San Pedro. La capilla es realmente espectacular, de todas las de la Catedral podría utilizar el mismo adjetivo pero esta además, tiene un elemento especial que no pasa desapercibido y del que hablaremos ahora. Se encuentra en el trasaltar de la Catedral, lo que significa que ves esta capilla si sigues de frente cuando vienes por la puerta de entrada a la que todos llamamos “la Puerta del Lagarto” (seguro que no hace falta que diga que este nombre es por el cocodrilo de madera a tamaño natural que cuelga del techo, que ya me diréis si la Catedral de Sevilla no es especial…)

Con todo, afortunadamente para el visitante, la capilla de San Pedro es de las que siempre están abiertas y tiene unos bancos muy cómodos acojinados en los que te puedes sentar a disfrutar el maravilloso retablo pintado por Zurbarán. En el centro vemos un san Pedro que impone: su rostro es de un hombre mayor con expresión realista. Su mirada no es seria del todo, parece que en el fondo sonríe. Se puede pensar que es el retrato de alguien del entorno del pintor, lo que no es de extrañar porque sabemos que es una técnica que utilizaron los pintores sevillanos barrocos para sus retratos. San Pedro mira a los ojos de todo el que se sienta en los bancos de su capilla y no cuesta nada mantenerle la mirada. Sin exagerar mucho, parece que te hipnotizara con la mano en alto, que más que bendecir da la sensanción de que estuviera llamándote la atención. Como digo es espectacular. A veces pareciera que a estos pintores que hacían encargos para la Catedral y sus donantes alguien les decía que sus pinturas tenían que ser atrayentes para que los feligreses permanecieran dentro.

Por si fuera poco, sobre el retrato del santo pinta otra tabla Zurbarán con la imagen de la Inmaculada. Puede decirse que el retablo tiene todo para que el sevillano se quede un rato allí, mantenga como os cuento la mirada a San Pedro y después rece a su virgen más querida (esos sevillanos como fieles inmaculistas desde mucho antes que el Vaticano ).

A la derecha, unas pinturas también de la escuela barroca sevillana referentes al santo y a la Virgen de la Merced, traídas del antiguo convento de este nombre cuando desapareció.

A la izquierda, un sepulcro: el sepulcro del arzobispo Deza. Casualidades de la Catedral, o no, a este hombre lo retrató también Zurbarán. Lástima que no tenemos esa pintura aquí. Según he encontrado en internet, tienen en el Prado una copia, no la original. Aunque si tenemos en cuenta lo que expuse antes de que tomaban como modelos a personas de su entorno, tampoco el retrato nos diría mucho de su aspecto real puesto que falleció mucho antes de que lo pintara.

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Las casualidades en la Catedral no existen. Yo digo que son razones que no conocemos y que hacen de ella un conjunto gigantesco de obras de arte colocadas con agún sentido. Por supuesto no están expuestas al azar sino que todo tiene un por qué, solo que a veces no lo conocemos.

El sepulcro consiste en el cuerpo yacente del arzobispo con un rostro de persona fallecida muy real. Sabiendo que es de la misma época, nos hace imaginarnos que este sí que sería su aspecto verdadero. Delante le tienen colocado en esta capilla otro banco, esta vez con respaldo, bajo mi punto de vista no muy acertado porque quien se siente ahí le da la espalda al monumento.

Es así como nos entra la curiosidad de quién era ese arzobispo al que los sevillanos le pusieron el apodo de “el bueno”. Comenzamos entonces a investigar y nos aparecen varias leyendas de su vida. Esto significa que el boca a boca de la ciudad funciona y si mantienen estas historias, es porque fray Diego fue todo un personaje y protagonizó anécdotas de las que aquí no se olvidan.

Y nos encontramos con la famosa anécdota del león, con otra de la piedra del Sol y con la última estando ya el pobre fallecido, que por cierto, es bastante fea pero también la tendremos que contar.

En primer lugar, Diego Deza Tavera muere en Sevilla en 1523 siendo fraile dominico y arzobispo de la Catedral. Había nacido en el reino de León y había sido catedrático en la prestigiosa Universidad de Salamanca. Era un hombre muy culto y fue el confesor de la reina Isabel la Católica, lo que seguramente tuvo que ver para que fray Diego acabase en Sevilla como inquisidor. Inquisidor bueno, o eso se dice, si es que el adjetivo bueno puede acompañar a semejante palabra. Además, él conocería a Colón y hablaría con la reina Isabel para que esta no tuviera dudas de financiar los viajes del almirante. De esto encuentro muchas referencias, incluso está demostrado que acompañó a Cristóbal Colón a Salamanca a que enfrentara sus ideas en el claustro de la Universidad. Se dice que fray Diego fue su protector y que consiguió el apoyo de sus viajes por parte de toda la orden dominica a la que Deza pertenecía. Colón lo llamaba cariñosamente “el obispo de Palencia”, ambos acabaron teniendo una conocida amistad.

Pero la primera historia que nos llama la atención de él es bastante triste. Dicen que el maestro Diego fue preceptor del infante Juan, el único varón de los Reyes Católicos. Ellos tenían tanta fe en él y en sus conocimientos, que le confían al niño y se lo llevan a Salamanca para que lo instruya. Pero una desgraciada muerte temprana le sobrevino al pequeño y cuentan que el pobre Juan muere en brazos de fray Diego. Esto al parecer marcó su vida y pidió ir a Sevilla arrastrando tremenda desgracia a sus espaldas. No parece que los reyes lo culpasen de nada, al contrario, lo nombraron inquisidor general y después arzobispo de Sevilla. Pero dicen que el dominico nunca superó aquello y que prometió no volver jamás a Salamanca por la memoria del pequeño y el episodio tan doloroso que le tocó vivir allí.

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Al llegar a Sevilla comienzan las leyendas del arzobispo. Una de ellas es que a fray Diego le trajo Colón, o eso decía él, una piedra mágica de Las Indias a la que le atribuía poderes sobrenaturales. Le puso el nombre de “piedra del Sol” y la llevaba engarzada en una cruz pectoral. Cuando paseaba por la ciudad la gente le pedía por favor que le dejara tocarla o bien les decían los males que tenían, tales como: dolor de muelas, sospechas de mal de ojo y otras cosas de este calibre. Entonces cuentan que fray Diego les acercaba su cruz con la piedra maravillosa incrustada y que la gente milagrosamente se curaba de todo lo que le achacase en ese momento. Dicen que en algún momento la piedra fue analizada y se descubrió que se trataba de un pedrusco sin valor alguno.

Deza fue un gran estudioso de la doctrina de Santo Tomás de Aquino y fue el fundador de esta escuela que llevaba el nombre del santo en Sevilla y que se situaba en la actual avenida de la Constitución, junto a las gradas de la Catedral. Fue un colegio con bastante prestigio por los estudios teológicos que allí se trataban. En 1545 Carlos I le otorgó el rango de Universidad. Este colegio desapareció con la desamortizacón del XIX, antes bien saqueado por las tropas francesas.

Pero la leyenda más conocida en Sevilla de Diego Deza es la que protagoniza con su león. Cuentan que al arzobispo le dolía mucho la gota, seguramente por su buen comer. Era tan excéntrico que había oído que la piel del león enrollada en sus pies, aliviaba el mal. Encargaba pieles de leones a los viajeros de la época y se sentaba en sus audiencias con esa piel de animal a sus pies. Un día, alguien tuvo la idea de regalarle un cachorro de león vivo. Se dice que fray Diego, no confiaba mucho en qué pasaría cuando el león se hiciera adulto, así que mandó arrancarle toda la dentadura y las garras para que fuera un león manso. Y se paseaba por Sevilla con su león de mascota tranquilote y desdentado lo cual, podemos imaginar, llamaba muchísimo la atención. Pero es más, cuentan que asistía también a las misas del cabildo en el altar mayor el león de fray Diego. Eso sí, siempre manso y a sus pies, para aliviar los dolores del arzobispo. Esta leyenda no quiso pasarla por alto el que esculpiera su tumba y por eso vemos el cachorro de león a los pies de la figura yacente del sarcófago.

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La historia última de fray Diego que se cuenta en Sevilla ya es bastante desagradable y ocurrió cuando profanaron los franceses su sepulcro. Esta práctica era muy normal entre las tropas galas porque buscaban en los enterramientos de personajes importantes joyas y objetos de valor. La cuestión es que el cadáver de esta persona desapareció. Lo que vemos actualmente en la capilla de san Pedro es un sepulcro vacío. Al parecer, el arzobispo fue enterrado en un primer momento en el Colegio de Santo Tomás de Aquino.

Pero ahí no queda la cosa, se sabe que el colegio fue utilizado como cuartel militar tras la desamortización y cuentan que a la señora de uno de los mandos militares le gustó la tumba como bañera. Sí, han leído bien. Cuando llegó aquello a oídos del ayuntamiento de Sevilla y del cabildo de la Catedral, redactaron una petición oficial para poder retirar la tumba del arzobispo a aquella familia y llevarla a la Catedral donde se encuentra ahora.

Al menos de esta forma se pudo mantener el respeto por la obra de arte que supone el monumento funerario. La vida de Fray Diego sí que quedaba para siempre en los libros de historia y en la memoria de lo sevillanos a través de sus leyendas.

Fuera de toda anécdota, que es lo que buscamos cuando escribimos las leyendas de nuestra ciudad, este arzobispo de Sevilla protagonizó numerosos hitos históricos referentes a cuestiones reformistas de la iglesia católica y a la historia de Castilla en general. No había un acto solemne, concilio o decisión importante donde no estuviera invitado el arzobispo Deza. Fue un personaje político de bastante peso en la evolución de la Santa Inquisición y sus preceptos. Solo que en esas cuestiones históricas no entramos, nos quedamos con las leyendas que en esta sección al lector y a nosotros, es lo que nos gusta.

REFERENCIAS

https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/fray-diego-de-deza-y-tavera-arzobispo-de-sevilla/6a2e3ce0-d566-4b2c-9114-e1275619e07b

https://dbe.rah.es/biografias/5848/diego-de-deza-y-tavera

 

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2 comentarios

  1. He tenido conocimiento de su publicación y me ha parecido muy interesante como amante de mi Sevilla.

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