El Secreto Congreso Hispalense

El pasado día 9 de enero se cumplió una efeméride importante pero quizás desconocida para la mayoría, y es que hace la friolera de 211 años de que dos vecinos de la ciudad fallecieron a manos de las tropas napoleónicas por luchar contra la ocupación gala, solo que, como siempre, sus nombres prácticamente han sido olvidados a día de hoy.

El 9 de enero de 1811 José González Cuadrado y Bernardo Palacios Malaver fueron ajusticiados por garrote vil en la Plaza de San Francisco por orden del mariscal Soult acusados de conspiración contra el invasor y tras negarse a denunciar a sus compañeros.

Pero vamos al fondo de la cuestión, en esa época España estaba sometida bajo el yugo francés, y es que hacía poco menos de un año que las tropas napoleónicas al mando del mariscal francés y con la presencia del mismísimo José Bonaparte habían entrado en la ciudad sin encontrar nada de resistencia en la misma.

El hecho de que Sevilla recibiera a los invasores sin disparar un solo tiro no se debía a que los vecinos estuvieran de acuerdo con la ocupación de la ciudad, ni mucho menos; al contrario, todo fue motivado por el desconcierto de la población ante la actitud de sus gobernantes, que no estuvieron a la altura de los ciudadanos y huyeron por la Puerta de Triana nada más divisarse las primeras avanzadillas del ejército napoleónico.

De esta forma, la mañana del jueves 1 de febrero de 1810 Jean-de-Dieu Soult, duque de Dalmacia, hacía su entrada triunfal por la Puerta de San Fernando para dirigirse al Palacio Arzobispal, donde instaló su residencia oficial.

Como hemos señalado la Junta había salido hacia Cádiz y todos aquellos que movían las revueltas del pueblo contra los franceses también abandonaron la ciudad. Es de destacar el enorme interés que el mariscal Soult demostró por las obras pictóricas que se encontraban en las iglesias y edificios sevillanos no dudando en utilizar el robo y saqueo de las mismas. En el Alcázar sevillano se encontraban más de 150 obras pictóricas preparadas para su envío a Francia, obras que en su mayoría no han sido devueltas a Sevilla, encontrándose enriqueciendo los fondos de museos franceses y de otras ciudades españolas.

Eso no fue impedimento para que el pueblo sevillano conspirara, soterradamente, contra las fuerzas francesas, que llevó a que se produjeran algunos incidentes en la ciudad. Es aquí donde aparece la figura de nuestros dos héroes sevillanos al formar parte de uno de aquellos grupos conspiradores, o lo que es lo mismo la resistencia contra Napoleón en Sevilla que paso a llamarse Secreto Congreso Hispalense o Santo Congreso Hispalense.

Como apunte inicial y curioso podemos decir que nuestros protagonistas, José González Cuadrado y Bernardo Palacios Malaver, eran amigos del famoso capitán Luis Daoiz, quien se uniría pronto al ejército, siendo capturado en 1794 por los franceses en la llamada Guerra del Rosellón.

Don José González Cuadrado, escribano, en el que destacaba su repulsa hacia los franceses ya desde 1808 y don Bernardo Palacios Malaver, de oficio batihoja (batidor de oro y plata). Ambos formaban parte de la antes citada conspiración para levantarse en armas frente a los franceses.

Es cuando decidieron que era momento de organizar algo, una resistencia contra el invasor, si bien no de manera directa, ya que sería una masacre, si algo en las sombras y ocultos. De ahí la fundación y creación de dicho Secreto Congreso Hispalense, en la calle Quebrantahuesos (hoy Orfila), con misiones de sabotaje a la intendencia gala y de suministro de valiosísima información a la guerrilla sobre los movimientos de las tropas napoleónicas. Entre su misión, labores de información en coordinación con las autoridades de la Junta de Sevilla refugiada en Ayamonte y con autoridades militares.

Este grupo está formado por numerosas personas que provienen de diversos sectores, como campesinos, mozos, etc… Y para ello se valen de disfraces y argucias, para salir y entrar a Sevilla, para establecer contacto con militares y con otros miembros del grupo.

Sevilla en tiempos de la Guerra de la Independencia -

Mientras que Bernardo va reclutando, en absoluto secreto, a arriscados conspiradores patriotas, con influencia y con padrinos para la causa, José sale de Sevilla en borrico, disfrazado de tratante de ganado, o de mendigo o de fraile, para contactar con los partisanos de la sierra y coordinar golpes de arte.

Se mueven de casa en casa, para evitar ser detectados, pero la mala fortuna quiso que, a finales de 1810, fueran capturados tras el chivatazo de un delincuente común llamado José Avendaño, alias “Pantalones”, que trabajaba para los franceses a cambio de un puñado de monedas, cual Judas.

Dicha denuncia que sirvió para que el jefe de policía sevillano, Miguel Ladrón de Guevara, un afrancesado, ordenara su detención, hecho que se llevó a cabo en Castilleja de la Cuesta, desde donde fueron trasladados a la Cárcel Real.

Sometidos a interrogatorios repetidos, podemos imaginar los métodos utilizados en los mismos, mantuvieron en secreto los nombres de quienes formaban aquella conspiración, entre los que había cundido el pánico al conocer su detención.

Pero no consiguieron sacarle ni una sola palabra a los detenidos, se les ofreció el indulto firmado por el propio mariscal Soult, pero no sucedió nada excepto el silencio de ambos hombres ante las presiones de los militares y de la policía bonapartista liderada por José Echevarría y Miguel Ladrón de Guevara.

El consejo de guerra celebrado condenó a muerte a ambos. “Su defensor, el abogado don Pablo Pérez Seoane, les visitó en capilla y les aseguró que si daban los nombres de los conjurados el fiscal les garantizaba el indulto, teniendo para ello autorización del mariscal Scoult, pero Palacios Malaver no se dignó contestar y González Cuadrado pronunció estas viriles palabras: Dos hombres nada importan en el mundo y salvan a muchos buenos.

El 9 de enero de 1811 serían ejecutados en la Plaza de San Francisco, se les ofreció a los condenados el perdón si decían los nombres de algunos colaboradores, pero no pudieron sacar ninguna información. Se dice que Palacios Malaver diría la frase “Prefiero la muerte a seguir viviendo bajo el yugo de la canalla francesa”.

Tras serle aplicado el garrote vil, fueron enterrados en sus parroquias de San Ildefonso y Ómnium Sanctórum, y después de la guerra serían inhumados en la fosa común del Patio de los Naranjos, en el muro contiguo a la iglesia del Sagrario. El nuevo líder de este grupo sería Joaquín María de Tóxar, Conde de Tóxar, el cual intentó salvar a los condenados en el mismo patíbulo, pero la fuerte presencia militar disuadió de hacerlo ya que habría sido una sangría inútil.

Aquella acción de valor sublime solo está recordada por esa lápida a que hemos hecho referencia, y que permanece arrumbada, una calle y otra inscripción en la iglesia de San Ildefonso. “Nadie es profeta en su tierra” y por los hechos acontecidos en esta ocasión al parecer, en Sevilla, aún menos.

Continuaron los franceses en Sevilla hasta el 27 de agosto de 1812 en que fueron derrotados en la “Batalla del puente de Triana” por las fuerzas combinadas de españoles, ingleses y portugueses, entre las que se encontraba la “Legión de Extremadura” dirigida por John Downie, creador de la misma formada por voluntarios extremeños para apoyar a las fuerzas del Duque de Wellington en la guerra española.  Se cuenta que era portador de la espada de Pizarro.

Y en esta circunstancia, el Secreto Congreso Hispalense lucharía en la zona del Arenal, Triana y el puente de barcas, donde los franceses resistían e intentaban huir. Una vez lograda la liberación de Sevilla, el grupo se disolvió…

Pero se volvería a reunir una vez más, para el juicio y ejecución de Miguel Ladrón de Guevara, la mano derecha del jefe de policía y alguacil mayor de la policía al mando de José Echevarría. Este hombre sería juzgado y ejecutado el 19 de agosto de 1813 en la soga sita en Plaza San Francisco. Su cabeza sería expuesta en el mismo lugar donde capturaron 3 años antes al infortunado grupo del Secreto Congreso en su labor.

Tras la guerra, González Cuadrado sería declarado benemérito de la Patria mediante un decreto del Consejo de Regencia el 19 de julio de 1813.

La partida de defunción en la iglesia parroquial de San Ildefonso, está anotada al margen de la partida de Bautismo, y dice:

«Falleció en esta Ciudad con Muerte de garrote, Don Joseph María

González y Cuadrado, la que prefirió por heroísmo a la condición

que le exigían los enemigos para liberarse de ella si declaraba los

sujetos que había en esta Ciudad, cómplices con él, en la comisión

de observar sus operaciones y dar parte al legitimo Gobierno español.»

Pero Palacios Malaver no tuvo tanto éxito en el imaginario colectivo por su papel en esta historia. Y no sería hasta 1814 cuando fue nombrado en un documento emitido por sus antiguos compañeros, y en 1815 su hermano Juan Palacios redactó e imprimió en Madrid un memorial en honor a su hermano en representación de su madre Joaquina Malaver.

Así quedaría restituido el honor (en parte para no echarle más peso encima a su madre), de Bernardo Palacios Malaver, el cual sería puesto a la misma altura que González Cuadrado. Se colocarían lápidas conmemorativas tanto en el Patio de los Naranjos de la Catedral de Sevilla como en sendas parroquias de San Ildefonso y Ómnium Sanctorum.

Y la lápida situada en el Patio de los Naranjos puede observarse si accedes a un patio lateral del templo catedralicio, justo antes de acceder a la nave principal, y que reza así:

“En honor de Dios y memoria indeleble del heroísmo

con que los invictos sevillanos Bernardo Palacios Malaver y José González Cuadrado

coronaron su servicio a la patria bajo la tiranía de Napoleón,

prefiriendo el cadalso a la manifestación de sus compañeros el 9 de enero de 1811”.

Ese día fue nuestro 2 de mayo. Es cierto que no tuvimos la carga de los mamelucos, sino el chivatazo de un impresentable. Tampoco hubo fusilamientos en el Parque de María Luisa, como sucedió en el retiro de Madrid. Pero dos de nuestros vecinos afrontaron con entereza la muerte mediante garrote vil, como si fueran dos vulgares malhechores, para que los demás viviéramos.

Historia de Sevilla, de unas personas que sin saberlo hacían historia. No obstante, como suele siempre pasar, no siempre, o casi nunca, eres profeta en tu tierra, sin embargo, la historia y la memoria sirve para rescatar historias que sigan pasando de generación en generación, hasta aquí esta pequeña historia sobre Sevilla.

Fuentes: http://sevillanadas.blogspot.com/http://mvelascoramos.blogspot.com/https://www.sevillainfo.es/

2 comentarios

  1. Muy grato el saber que este blog sigue activo y ahora veo que también tienen podcasts de radio. Felicidades. Ahora vivo en Portugal y con este blog viajo por Sevilla como si no me hubiera ido. Muchas gracias a todo el gran equipo que lo hace posible.

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