Hernando Colón

Nace en Córdoba en el verano de 1488, fruto del romance que mantuvo doña Beatriz Enríquez de Arana con Cristóbal Colón.
El niño creció en Córdoba con Diego, su hermano de padre, que el mismo Colón había dejado al cuidado de Beatriz…

Hasta que al cumplir los 13 años, Colón se lo arrebató a la madre, argumentando una infidelidad de ella.
Madre e hijo nunca volvieron a verse ni mantuvieron ningún tipo de contacto…

De hecho regaló a su primo, Pedro de Arana, la herencia que le había dejado su madre cuando murió:

Córdoba, 17 de agosto de 1525 “… una heredad de casas, bodega, lagar e pila e tinajas e huerta que en las dichas casas esta, que yo he e tengo mia dentro del lugar de Santa María de Trasyerra, lugar e termino desta dicha ciudad de Cordoua, e alinda con casas lagar de Christoual Ruis Correa e con casa de herederos de pedro de Palma; e asimismo vos o en esta dicha donacion dos pedazos de viñas, que son de la dicha heredad, que yo he e tengo mios en la mitacion de dicho lugar de Santa Maria de Trasyerra, en el vno en el pago del Quixigar, que se llama la viña de la Caballera e alinda con viñas del Jurado Pineda y con viñas de Diego de Jaen, e el otro pedazo, questa junto con la dicha villa, alinda con viñas de los herederos de Pedro de Palma, que Dios aya; e aimysmo vos do en esta dicha donacion vna heredad de huerta, arboles e terreno, con todo lo que le pertenece, que y he e tengo mia en la dicha mitacion de la villa de Santa María de Trasyerra, en el pago de Val de las Huertas, e alinda con el camino que va al molino e con el arroyo e con huertas de Juan Ruis Buenosvinos e con viñas de mi el dicho don Hernando Colon; e asimismo vos do en esta dicha huerta de suso alindada, la qual dicha huerta e viñas tiene a rrenta de por vida Juan Ruis Buenosvinos, vecino de la dicha villa de Santa Maria e Trasyerra”. 

Junto a su hermanastro llegó a Barcelona, de la mano de Fray Bartolomé de las Casas, para formar parte de la corte del malogrado príncipe don Juan.
En aquel lugar, al que le costó adaptarse, recibió una privilegiada educación humanística y militar, además de adiestrarse en protocolo. Sin embargo, no gozaba de la autoridad innata y el atractivo físico de Diego y, quizá por esa razón, se encerró aún más en sus lecturas y estudios, de tal suerte que cuando con 14 años acompañó a su padre al cuarto y último viaje que este haría, sentó las bases para la biografía de Cristóbal Colón, “Historia del Almirante”, obra póstuma publicada por la esposa de Diego Colón, María de Toledo.

Formó parte de la corte de los Reyes Católicos sirviendo, junto a su hermano Diego, a la reina Isabel la Católica y los príncipes. El año 1502 se incorporó en la flota de la cuarta flota al Nuevo Mundo dirigida con su padre, repitiéndola en el año 1509 con su hermano Diego.

Por estos viajes empezó a tener interés por la cosmografía y geografía, realizando algunos estudios del reino español y portugués. En el año 1524 formó parte del proyecto más importante para los reinos de la península Ibérica, en el cual se buscaba el meridiano exacto para buscar el trazado exacto para dividir las colonias españolas y portuguesas en el Pacífico.

Aparte de sus proyectos cartográficos, Hernando Colón estuvo interesado por los libros, ya que no sólo sentía la pasión por poseer y coleccionar libros de ediciones raras y hermosas, sino que además los conocía, los catalogaba, estudiaba y describía…

Eminente humanista y cosmógrafo, cortesano y hombre de su tiempo, un tiempo en el que quisimos volver a ser centro de la vida, superando añejos teocentrismos medievales. Pero Hernando Colón es algo más que un eminente hijo de su tiempo.
Su obra más querida es la biblioteca Fernandina o Colombina, en la que Hernando no sólo atesoró miles de volúmenes, sino que realizó los catálogos bibliográficos necesarios para clarificar su mundo de libros.
Desde su infancia, en tiempos de los Reyes Católicos, conoció los libros. Se ha dicho que su padre, Cristóbal Colón, mercadeaba antes de su viaje a América con libros, en un momento en que se extendía el ansia de saber y conocer, con el vuelo otorgado con la imprenta a los conocimientos únicamente atesorados hasta entonces en anaqueles de monasterios. Los libros que trató en su infancia se convirtieron en su amor y su pasión. Fue el primero en pasar una colección al Nuevo Mundo, en las famosas cuatro arcas con unos doscientos cincuenta libros, algunos de ellos de enorme valor.
Recorrió varias veces España y Europa visitando mercaderes de libros, invirtiendo toda su importante fortuna en adquirir los más raros y hermosos.

En sus libros también anotaba sus viajes: el más fructífero de ellos fue el que hizo a Roma en 1512. Allí compró el libro de Américo Vespuccio sobre las tierras a las que llegó su padre. Otro viaje que le marcó fue el que realizó al corazón de Europa en tiempos de la Reforma. Entonces conoció a Erasmo y compró libros de Lutero en Colonia y Maguncia. En una jornada podía llegar a comprar unos 200 libros; en un trayecto, hasta 1000 títulos.
En sus viajes siempre llevaba un catálogo de libros ya adquiridos, para no comprar dos veces el mismo volumen, así como un Memorial de Libros Naufragados, en el que anotaba los que se perdían en el camino, para ser repuestos lo antes posible.

Atesoró unos fondos de más de 17.000 volúmenes, una cifra enorme para el inicio del siglo XVI. Probablemente, es la mayor biblioteca en todo el mundo occidental de su tiempo.
Su afán de coleccionismo no se limitaba a los raros y carísimos ejemplares, sino que también daba orden de adquirir publicaciones más sencillas y populares, acumulando casi quinientos cuadernillos poéticos.

Su ‘huerta de Colón’, en Sevilla, a orilla
s del río, en la que plantó unos 5000 árboles, algunos de ellos americanos, era un centro de reunión de humanistas y poetas. Además, su biblioteca era de la mejor madera y sobre ella estaban colocados los libros con los lomos a la vista, en una postura innovadora para ver los títulos con más facilidad.
Con el tiempo, empezó a viajar menos y a mirar más las estrellas, convirtiéndose su casa en lugar de reunión de famosos cosmógrafos.

En el Monasterio de La Cartuja hay un extraño árbol (parece ser que los naturalistas no se ponen de acuerdo si es un árbol, un arbusto o una hierba) que llama la atención por sus gruesas raíces y su amplia y frondosa copa. Es un ombú.

Este árbol, fue plantado en este lugar por el mismo, lo trajo en uno de sus viajes a las Indias.
Es una planta arborescente nativa de la Pampa argentina.

Por su tronco grueso y su gran porte (alcanza una altura de más de 10 m., con una amplia copa y grandes raíces visibles), contiene grandes cantidades de agua, lo que le permite sobrevivir en el entorno de escasas lluvias de la pampa seca. 
Crece rápidamente, y es inmune a buena parte de los insectos que depredan las hojas de la flora de la Pampa gracias a su savia tóxica. 
Su nombre es una voz guaraní que significa sombra o bulto oscuro.

La biblioteca, que tuvo su sede en Sevilla, puerta de América de principios del siglo XVI, comenzó a disgregarse tras su muerte. Más de 10.000 volúmenes salieron por uno u otro motivo de la biblioteca madre, siendo la primera beneficiaria la Biblioteca del Monasterio de El Escorial.
Los volúmenes que permanecieron en Sevilla pertenecen al cabildo catedralicio de la ciudad hispalense, denominándose hoy la Biblioteca Colombina, que, sin ser siquiera sombra de lo que fue, es todavía un auténtico tesoro bibliográfico.

Fuente: http://www.tertuliaandaluza.comhttp://ozuquecalor.blogspot.com.eshttp://sevilladailyphoto.blogspot.com.es

antoniocamel©2012

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2 thoughts on “Hernando Colón”

  1. Sí, es un personaje muy destacado en nuestra historia. Poseedor de la mejor y completa biblioteca de la época en Europa. La Biblioteca Colombina, colindante a nuestra Catedral es una de las joyas magnificas que tiene Sevilla.
    Sugiero visitarla por su enorme interés y curiosidades.
    Breve pero buena entrada, Antonio

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