El fantasma de la Inquisición de Triana y la teoría de la NASA

 

 

Hace poco tiempo tuve la oportunidad de hablar con una de las personas que en el año 2015 investigó un curioso suceso ocurrido en Triana. Esta persona, su nombre es Francisco Gallardo, colaboraba por aquel entonces con otros estudiosos de lo paranormal para la revista Año Cero. Uno de ellos, su amigo y compañero Jose Luis Hermida. Una serie de circunstancias dieron lugar a que entabláramos una conversación donde me contó con detalle lo que por aquel entonces era un misterio y hoy día continúa siéndolo. Se trata de una investigación que tuvo lugar en Sevilla en torno a una experiencia paranormal vivida por un muchacho en el barrio de Triana. El joven Antonio Guerrero Paniagua tenía 24 años y tocaba en la banda de música de San Juan Evangelista de la Hermandad de la Esperanza, por lo que el día 11 de noviembre de 2015 se encontraba ensayando con sus compañeros. Su madre, Aurora Paniagua Vélez y su tía habían ido a buscarlo en coche porque el muchacho vivía lejos y se le había hecho muy tarde.

Los investigadores calculan que serían las tres de la madrugada cuando todo ocurrió. Lo saben porque su madre recibió la llamada del chico cuando este les dijo desde su móvil que en dos minutos andando llegaría al puente. Pero aquellos dos minutos se convirtieron en muchos más y madre y tía del chico, contaban que pasaron miedo al ver que se demoraba tanto. La noche era muy oscura y solitaria, incluso unos policías locales que pasaban por allí preguntaron a las mujeres sin necesitaban algo. Ellas contaron a los agentes que estaban esperando a un muchacho que había estado ensayando con su banda de música y estos prosiguieron su camino. Pero algo les decía a las mujeres que no era lógica tanta espera.

Antonio había cruzado por el callejón de la Inquisición para alcanzar el Altozano y se había topado con algo que no olvidaría jamás. Este conocido lugar de Triana era por el que pasaban los pobres reos de la Inquisición para allí ser torturados y encarcelados cuando venían de cruzar el río. Justo al entrar al callejón, notó un frío que le calaba los huesos y, de repente, una sombra oscura se abalanzó sobre él y el chico cayó al suelo. “Como si me fuera penetrando poco a poco, de lado a lado y rozándome los huesos”. De esa manera, contaba Antonio la sensación que tuvo de que el espectro le atravesaba el cuerpo. Era un fraile con hábito negro y de su cintura colgaba un rosario de cuentas entre madera y plata. Durante los segundos que tardara en incorporarse del suelo, tras un tiempo desmayado que él no pudo determinar, pudo verle los pies. Según el muchacho, eran unos pies muy sucios, como los de un vagabundo, y llevaba sandalias.

El joven contó a los investigadores de Año Cero, entre ellos Francisco y Jose Luis, que su sensación había sido de pérdida de inconsciencia durante unos segundos. La realidad es que fueron alrededor de veinte minutos, según pudieron comprobar con los testimonios de la madre y la tía.

Cuando volvió en sí, una vez incorporado, vio claramente que aquella sombra era un hombre vestido de fraile encapuchado que lo miraba con una sonrisa malévola. Como pudo, se incorporó rápidamente y comenzó a correr. Cuenta que por más que corría, el fraile siempre iba a su lado. Antonio estaba sin resuello, aterrorizado, no tenía aire del susto y del esfuerzo y sin embargo, aquel hombre seguía sonriendo a su lado como si nada pasara. Estaba tan cerca, intimidándole, que podía verle el rostro con claridad. Ya podía avistar a su madre y su tía al otro lado del puente y cuando las alcanzó se abalanzó a abrazarlas. Las mujeres no daban crédito a la historia que contaba el chico. Los tres bastante asustados y desconcertados emprendieron rápidamente el camino de vuelta a su casa. Una vez allí, el muchacho era incapaz de conciliar el sueño. ¿Qué le había pasado? ¿Era aquello un fantasma? El miedo se le había quedado dentro y aún temblaba al recordar el incidente. Se le ocurrió entonces abrir el ordenador y buscar información de lo que había en el antiguo pasaje de la Inquisición y en lo que hoy son las ruinas del Castillo de San Jorge. Mientras leía acerca del castillo, de las atrocidades allí cometidas siendo la sede de la Inquisición, no pararon de salirle imágenes y estudios del tema en Google. De repente, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Comenzó a llamar a su madre a gritos. La pobre mujer se levantó de la cama de un salto preguntándole qué le pasaba ahora.

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-¡Mamá, es el hombre que me seguía! Te lo juro que es él.

Los dos tenían las caras descompuestas mirando la pantalla, estaban de piedra. Había una pintura de un hombre fallecido al que rodeaban unos monjes con hábito. Pero era algo increíble, como todo lo que al chico le había pasado esa noche, puesto que el hombre era un escultor del siglo XVI. Ninguno de los dos, madre e hijo, daban crédito. Se trataba de un óleo de Charles Holroyd muy posterior. El pintor se había inspirado en las crónicas de Vasari de 1550 que escribiría acerca de Torrigiano. El chico lo tenía claro, el monje al que había visto era el de la pintura, era el inquisidor que estaba a los pies del lecho de muerte del escultor.

Aquella noche, estuvieron leyendo juntos mucho tiempo. Lo más llamativo para ellos dos, es que, efectivamente, Torrigiano murió en el Castillo de San Jorge de Sevilla, arrestado por la Inquisición en 1528. Allí estuvo encerrado y murió tras ser cruelmente torturado durante seis años. La verdad es que era una historia de vida apasionante. Desde que fue quien le rompió la nariz a Miguel Ángel en una discusión y se la dejó desfigurada, como vemos en sus conocidos retratos, hasta los encargos de este afamado escultor renacentista que estuvo en Sevilla, pasando por que se casaría con una hija adoptiva muchísimo más joven que él y que mataría a un criado que la sedujera, incidente por el que tuvo que marcharse de la ciudad unos años. Una de sus obras más apreciadas puede disfrutarse hoy día en el Museo de Bellas Artes de la ciudad. Se trata del San Jerónimo penitente que realizó para el Monasterio sevillano del mismo nombre.

Otra, que descubrí hace poco, es la Virgen de Belén también en el Museo de Bellas Artes y de la cual tenemos una copia, probablemente de su círculo en la Capilla de los Estudiantes.

De otra virgen y de su ejecución por parte de Torrigiano parte en Sevilla una leyenda no muy conocida. Al parecer, fue precisamente la historia de esta otra virgen la que posiblemente hizo que Torrigiano ingresara en la cárcel inquisitorial de Triana. Pero sospechamos que no solo sería este episodio, porque el escultor era un personaje verdaderamente rebelde y se conoce que hacía y deshacía por las calles sevillanas lo que le apetecía sin temer al Santo Oficio y a sus chivatos. Y así le fue. Y la leyenda del por qué Torrigiano muere en la cárcel del castillo de San Jorge es la siguiente:

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“Dicen en Sevilla y algunas crónicas lo corroboran, que en 1522 el duque de Arcos, don Rodrigo Ponce de León, encargó al escultor que le hiciera para la capilla de su palacio una virgen. La virgen quedó terminada y como cualquier otra obra del escultor, a todos pareció maravillosa. Pero entonces, el duque se retractó de lo que al principio habían acordado que costaría el trabajo. Y como Torrigiano no se andaba con chiquitas y no soportó que el duque le regateara y no pagara lo suficiente; sin corta ni perezosa, delante de sus ojos, la partió en pedazos con un martillo”.

Nos podemos imaginar la ira del duque y podemos ver muy creíble que la Inquisición fuera a por él. Al parecer lo acusaron de satanismo y herejía por aquel incidente. Pero el personaje es de estos que la historia recordará siempre no solo por sus fantásticas dotes artísticas sino también por lo singular que fue.

Busto de Pietro Torrigiano (Lorenzo “Il Magnífico”. 1515-1520)

Corre por Triana otra leyenda acerca de su muerte. En las crónicas no se ponen de acuerdo. Algunos escriben que murió de hambre en la prisión del Castillo de San Jorge porque se negó a comer, así que hasta para eso sería rebelde el artista italiano. Otros cuentan que hizo encargos posteriores a su encarcelamiento, lo cual no encajaría con que falleciera allí encerrado. La cuestión es que la otra leyenda, de estas que se cuentan de boca en boca en nuestra ciudad y nos llegan al siglo XXI, es la de que Torrigiano se escapó. Y la leyenda, recogida posteriormente por Manuel Lauriño, escritor y gran conocedor de la historia de Triana, sería la siguiente:

“Un día, un capitán de navío que tomaba un vino en una bodega trianera mostró a todos una moneda. La moneda era un doblón de oro acuñado por los Médici en Florencia. El capitán contaba a todos como hazaña, que Torrigiano no había muerto en el Castillo de San Jorge, porque había embarcado con él como polizón hacia las indias. Mostraba a todos la moneda y se reía contando cómo fue la huida del escultor de las mazmorras del castillo. Decía que Torrigiano, muy débil porque efectivamente se había negado a comer, mandó llamar para su extremaunción al prior de los Jerónimos de Buenavista, muy amigo suyo y para quien había hecho su escultura del San Jerónimo penitente. El prior llegó escoltado en barca al muelle del castillo y entró en la celda de Torrigiano. Cuando llamó para salir de la misma, los guardias vieron al enfermo dado la vuelta en su camastro y medio desnudo, ellos pensaron que estaba ya en sus últimos momentos de vida. Emprendieron la marcha y de la emoción, al pobre prior tuvieron que ayudarle a subir a la barca que le cruzaría el río. El marinero contaba en Triana que era Torrigiano que se había puesto su hábito para la huida y se había cambiado por el prior. Claro que la Inquisición de Sevilla, no podía contar aquello y lo mantuvo bien en secreto. El navegante lo descubrió él mismo en su barco como polizonte y este le pagó el viaje con la moneda.”

Esta leyenda se recogía también en una seguidilla del poeta Jose Julio y decía así:

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«Vino un pintor de Roma
para Sevilla
y esculpió un San Jerónimo
y huyo a las Indias.
Vaya torero
que se cruzó en dos pasos
el mundo entero»

Otra coincidencia más para que el joven músico identificara a aquel hombre que lo perseguía con el personaje.

En pleno 2024 aún se habla de la vida de este artista italiano en Sevilla en publicaciones de arte pero también en algunas otras, como esta misma, que hablan de lo paranormal y misterioso. Recogiendo aquel testimonio de Francisco Gallardo cuando estudió el caso en 2015, las explicaciones en el campo de la parapsicología son varias.

Una de ellas estaría relacionada con la teoría llamada “de la cinta de piedra”, que muy resumidamente se puede explicar como las energías de las personas que se suceden en momentos trágicos y que se graban en la piedra y por no se sabe qué circunstancia, la piedra emite en un determinado momento de nuevo la energía o aparición. Como si se tratara de una grabación en imagen y sonido o solo en sonidos en algunos casos. Esta teoría tiene su antigüedad en el campo de lo paranormal. Ya en el siglo XIX se pensó que los fantasmas no existían sino que eran grabaciones que se reproducían en distintos lugares donde habían sucedido casos muy traumáticos.

Otra teoría también con nombre y muy estudiada, incluso por la NASA, es la conocida teoría del “vórtice temporal”. Esta teoría viene a decirnos que existen túneles del tiempo que algunas personas -tampoco sabemos por qué circunstancias- son capaces de atravesar.

Para añadir más posibles respuestas, como Francisco me contaba, el apellido del muchacho Paniagua era un apellido que coincidía en el tiempo con inquisidores de la época de Torrigiano. ¿Pudo el artista ser quien atravesara el vórtice temporal en busca de este chico por creerlo sucesor de aquellos crueles inquisidores? ¿O pudo ser una macabra broma de ese inquisidor que vio el muchacho en aquella pintura y que pudiera ser del apellido Paniagua? Todo queda en el campo de las teorías y de la imaginación. Lo único cierto es el susto del chico y las coincidencias que después se fueron encontrando.

En cualquier caso, todo encajó a Antonio con esa aparición espectral que le tocó ver de cerca aquella noche. Seguro que él no cruzaría más el callejón de la Inquisición solo y despues de leer este artículo, suponemos que muchos tampoco lo harán solos y de noche. Como diría mi abuela, vecina precisamente del barrio de Triana:

-“Desde luego que no, ni sola ni con leche”.

Referencias:

https://elespejogotico.blogspot.com/2022/04/la-teoria-de-la-cinta-de-piedra.html

https://pijamasurf.com/2011/05/nasa-hay-un-vortice-en-el-esacio-tiempo-alrededor-de-la-tierra/

https://www.espaciomisterio.com/parapsicologia/apariciones-espectrales-en-el-sevillano-callejon-de-la-inquisicion_37132

 

 

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