El Cachorro

En Triana, hay una capilla que atrae en cualquier época a gente de todas partes para contemplar una de las imágenes más espectaculares de la Semana Santa sevillana.

Es el Santísimo Cristo de la Expiración, que todo el mundo conoce cariñosamente como El Cachorro.

¿Pero por qué se le da este nombre popular? Su historia, una leyenda sevillana, verdadera o falsa, podría ser argumento para una novela.

La bellísima talla, según documentos de la misma cofradía a la que pertenece, es del año 1682.

La escultura es impresionante por su belleza y realismo. Los ojos, uno marrón y el otro verdoso, dan la sensación de lo que podría ser el umbral de la muerte. Es una expresión tan real que casi no resulta humana.

En la cofradía de la que es titular, se da la explicación para la existencia de esta talla fuera de serie y el porqué de su leyenda.

Leyenda

El cielo estaba gris y la temperatura seguía bajando … llegaba el otoño en Sevilla.

Paco no se podía quejar. Su trabajo, profundamente complicado en el verano, ahora le reconfortaba.

Los hornos de su taller desprendían un calor, que le hacía sentir privilegiado viendo pasar a la gente con muchos abrigos y temblando de frío.

No tenía dudas … aquel invierno de 1682, seguramente, iría a ser duro … viendo el inicio del otoño.

Paco tenía todo para sentirse un hombre completo … trabajo reconocido … sin competencia … era el único fundidor de campanas de Triana y la verdad es que trabajo no le faltaba … y cobraba bien, por lo que en casa no le faltaba nada, para ser de clase media baja de la sociedad Sevillana … casado con la más bella mujer que jamás había conocido … ¿qué más podría exigirle a la vida?

Pero … la mirada algunas veces pérdida del fundidor revelaba que ni todo le iba bien …

— Eh! ¡Paco! ¿Cómo estás?

Miró hacia la puerta.

— Hombre ¡¡¡Mira quién viene!!! Pues como ves … trabajando …

Era Ruiz Gijón, un conocido escultor de aquel lado del río y muy amigo de Paco.

— Me parece bien, amigo mío. ¿Nuevos encargos?

— Si … estas dos campanas son para una iglesia nueva … pues … venga trabajo … para eso estamos aquí… — Ruiz se sentó en una improvisada silla.

— Pues yo estoy un poco de bajón …

— ¡¿Y eso?!!!

— Pues también tengo un encargo … y lo veo complicado …

Se dio cuenta que Paco, en aquel momento no le escuchaba … miraba fijamente a la estrecha calle, donde alguien pasaba.

Ruiz se acercó de la puerta. Fuera pasaba un hombre, visiblemente gitano, joven, buen porte. Miraba a todo el mundo con que se cruzaba con un aire seguro y firme. Se dio cuenta que le miraban con intensidad y les devolvió la mirada …

— Buenas tardes. — Ruiz le saludó como hacía a cualquier persona.

El hombre le miró. Detalle impresionante … sus ojos … no eran iguales … no tenían el mismo color.

Les miró con una media sonrisa … apenas se escuchó un: “Hummm!” … y pronto desapareció al final de la esquina.

En estos, casi 2 minutos, Paco se mantuvo en silencio.

— Qué pasa, Paco. ¿Lo conoces?

— No!

— Y por qué lo miraste así?

— Olvida … nada importante …

— Paco … Paco … ya nos conocimos hace muchos años … te conozco, amigo mío …

Paco mantenía la mirada baja …

— me quieres contar de donde conoces tú a ese gitano?

— De ningún sitio … te lo juro … apenas sé que pasa aquí todos los días a esta hora … como un reloj … siempre en la misma dirección … siempre con esa mirada altiva … esa media sonrisa …

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— Vaya, hombre … sí que te afecta … pero no entiendo por qué … si no lo conoces …

— No te preocupes Ruiz … cosas tontas … háblame de ese encargo que tanto te parece preocupar …

Fue el turno de Ruiz tomar un aire más serio.

— ¿Paco, tienes un poco de ese vino tuyo tan estupendo?

— Claro!

Paco se acercó a un mueble de madera, abrió una pequeña puerta y sacó dos vasos de vidrio y una botella que parecía estar medio llena.

Llenó los dos vasos y pasó uno a su amigo.

— Cuéntame.

— Pues me han encargado un Cristo …

— Crucificado?

— Sí.

— Pero eso para ti … está chupado … sé que lo harás muy bien …

— No lo sé … paso horas sentado en mi atelier … no tengo inspiración … ya hice docenas de dibujos … no logro conseguir una expresión que me guste … y me gustaría hacer algo especial.

— Tranquilo, hombre … lo conseguirás …

Bebieron unos tragos largos del vino especial, cosecha del mismo Paco y que él guardaba religiosamente … sólo para amigos …

Botella de vino y dos copas | Vector Premium

Algunos minutos después, ya más recuperado, Ruiz salía del taller en dirección a su atelier.

Al pasar por el barrio de la Cava avistó un hombre que salía de una venta, La Vela … era el mismo gitano que tanto impresionara a su amigo Paco.

Decidió entrar.

— Buenos tardes.

Una mujer, por detrás de una barra de madera tosca le miró.

— Buenas tardes. ¿Dígame señor, en qué puedo servirle?

— Perdone la pregunta … pero he visto salir de aquí ahora mismo a un hombre, ¿un gitano … sabe usted quién es?

— Sí … guapísimo … — los ojos de la mujer brillaron    — viene todos los días a comprar un pan. Es del otro lado, de la ciudad … le llaman el Cachorro.

       — Qué raro apodo …

— Su nombre verdadero nadie lo sabe … pero todas las mujeres lo miran cuando pasa …

— ¿Y, dice usted, que viene todos los días?

— Sí … siempre a la misma hora … ya cuento las horas para volver a verle …

Ruiz la miró, pero ella soltó una carcajada … después un poco más seria se acercó y le habló en tono bajo …

— Dicen que viene a por una mujer … casada …

— Vaya! — Ruiz pensó que ya bastaba de preguntas …—Muchas gracias señora …

— Señorita, caballero … aún señorita …

Salió aliviado por estar de nuevo en la calle.

Dos días más tarde era Domingo. Ruiz siempre iba a la misa debidamente acompañado con su esposa. Cerca de la puerta de la iglesia lo esperaba Paco, también con su mujer.

Los dos hombres se quitaron su sombrero para saludar a las damas que juntas entraron mientras ellos se quedaron fuera …

— Cómo vas, amigo Paco. Te veo un aire triste.

— Cosas de la vida, amigo Ruiz … cosas de la vida …

— He sabido unas cosas de ese gitano que pasa delante de tu taller todos los días.

— Ah! ¿Sí? Cuéntame.

   

— Pues … que le llaman Cachorro, es del otro lado del río y entra todos los días en una venta, cerca de mi casa, para comprar pan.

— ¡¿Comprar pan?!!!??

— Así me lo han dicho, de fuente muy segura. Pero no comprendo qué te pasa con él …

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— No lo sé … no me gusta su tipo …

— Bueno … y cuanta gente habrá que no nos gusta su estilo?

— Amigo Ruiz … puedo ser sincero contigo?

— Claro, Paco. ¡¿Para eso están los amigos…no?!

— Pienso que Rosa tiene un lío.

La expresión impactó profundamente en Ruiz …

— ¡¿Rosa …?!!! ¿Tu mujer??!!! ¿Qué dices?

— No lo sé seguro … pero está muy distante, últimamente … muy cambiada … y tengo esa sensación …

— No tengo palabras, amigo mío.

— Esto me está consumiendo por dentro … como mal … no puedo dormir por la noche … y ese gitano … pasa todos los días!

— No pensarás que …

— No quiero ni pensarlo, amigo Ruiz … pero …

Ruiz no sabía qué decirle … estaba atónito …

— Venga, Paco. Entremos, antes de que termine la misa y nuestras mujeres nos encuentren aquí.

Entraron discretamente … en la mente de Ruiz Gijón golpeaban las palabras de la mujer de la venta …

“— Dicen que viene por una mujer … casada …!!!”

Pobre Paco … ¿cómo le podría ayudar …?…

En toda la semana, Ruiz estuvo inmerso en sus dibujos … la imagen ideal no le venía … y el plazo se estaba agotando …

Llegó el viernes … una visita a su amigo y una copa de su buen vino le ayudaría.

Pero el taller de Paco estaba cerrado … cosa rara …

Volvió a casa. Un hombre caminaba a pocos metros delante de él. Empezaba a oscurecer … alguien pasó llevando en la mano un candil de aceite encendido … entonces pudo ver mejor la figura … era el Cachorro.

Aquel hombre parecía un reloj … todos los días …

De repente un bulto, oculto entre una puerta cerrada saltó sobre el gitano … en el aire brilló, de repente, un largo cuchillo …

— Te voy a matar … mal nacido!

El Cachorro, sorprendido, mal se defendió … el cuchillo entró en él una vez … y otra … y otra …

— Esta porque eres un indecente … esta porque te gustan las mujeres casadas … ésta por me robas a mi esposa…

Aparecieron unas mujeres, gitanas con lámparas encendidas y gritando.

Entonces, Ruiz, lo reconoció …

— Paco!

Corrió, se metió entre la multitud que empezaba a rodear al fundidor …

— Paco … ¿Qué has hecho? … hombre …!!!

Paco, mirada perdida … estaba sentado en el suelo … en su mano aún tenía el cuchillo … goteando sangre. Unos gemidos le indicaron que el Cachorro aún vivía. Se acercó y le levantó la cabeza intentando ayudarlo … conservar su vida, lo que parecía ya tarea imposible … aquellos dos ojos de distinto color le miraron con una expresión de agonía profunda que lo impactó brutalmente.

De repente, en medio de toda aquella confusión un grito le puso los pelos de punta.

Venía de una niña, de no más de doce años…

— ¡¿Qué le han hecho?!!! Lo han matado …

— Tranquila hija … él se lo ha buscado …

— ¡¿Qué dice usted?!!!  — la niña se arrodilló y tomó la mano ya sin vida del Cachorro.

— El venía todos los días para estar con una mujer casada … — Ruiz intentaba justificar en voz alta a su amigo Paco.

La niña lo miró con los ojos llenos de lágrimas …

— Lo sé.

Paco levantó la cabeza …

— Entonces es verdad!

— El Cachorro era mi tío.

— Qué dices? — Ruiz intentaba comprender.

— La mujer que él visitaba todos los días es mi madre … su hermana … — sollozaba — y nos llevaba un pan … todos los días …

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Alguien había llamado a la guardia que empezaba a llegar. En pocos minutos se llevaron a Paco.

El Cachorro yacía en el suelo, con sus ojos mirando hacia al cielo … Ruiz, pasó su mano y los cerró …

Volvió a casa con paso lento, estaba sucio de sangre del inocente gitano … tenía que lavarse … lo ayudó su esposa que lo limpió en cuanto escuchaba, asustada, la narración que le hacía Ruiz.

Aquella noche, no pudo dormir.

Bajó a su atelier y se sentó en su mesa, delante de uno de los folios de papel que usaba para dibujar.

— Diosss … qué día …

No podía quitar de su cabeza aquella expresión de agonía brutal del Cachorro muriendo en sus brazos.

De repente, como por magia, su mano empezó a dibujar … poco a poco … la cara del gitano fue apareciendo … ya tenía la idea que tanto buscaba para la figura del Cristo que le habían encargado.

Hechos:

La historia del Cachorro pasó de generación en generación. La verdad es que el escultor Ruiz Guijón no conseguía inspiración cuando en 1682 hizo la obra de Cristo crucificado, el Cristo de la Expiración, en talla de madera policromada, de 1,89 metros de altura.

La imagen fue contratada el 1 de abril de 1682 por la Cofradía y Hermandad de la Expiración de Cristo y Nuestra Señora de la Paz, de la ermita de Nuestra Señora del Patrocinio.

La talla fue posteriormente restaurada por el médico y escultor Agustín Sánchez Cid, quien en 1940 arregló ensambles y creó una nueva cruz arbórea, encargándose Juan Miguel Sánchez de reencarnar las zonas dañadas. Solo cinco años más tarde el mismo Sánchez Cid aclaró la encarnadura y dos años después saneó algunas partes apolilladas.

Más importante fue la restauración llevada a cabo tras el incendio ocurrido en la capilla del Patrocinio el 26 de febrero de 1973, cuando se destruyó la Dolorosa y el Cristo de la Expiración sufrió serios desperfectos en el costado y la pierna y talón derecho, así como su encarnadura que quedó completamente ahumada. La restauración fue entonces llevada a cabo por los hermanos Cruz Solís entre los meses de junio y septiembre de ese mismo año.

Consta que cuando salió, la primera vez, el paso de la cofradía transportando el Cristo la gente que miraba exclamaba … “Es el Cachorro…” porque encontraban parecido entre el Cristo y el gitano que conocían. Por eso hoy se llama al cristo El Cachorro.

Su paso sale siempre el viernes santo … cuando no llueve …

Un artículo escrito por Jorge Peres para Sevilla Misterios y leyendas en 2014

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1 comentario

  1. Esta es una de mis historias preferidas no me canso de leerla, AntonioCamel sigue
    así. Pon un comentario de porqué te pusiste Antoniocamel, quiero oirla.
    Muchas gracias.
    Isabel, tu hija.

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