La Feria de Abril

INTRODUCIÓN

 

Desde sus comienzos ha sido la fiesta de la primavera sevillana. Durante una semana sirve de centro de reunión de todos los sevillanos y visitantes, y cada año descubre lo mejor de esta ciudad y sus gentes, nos alegra y nos anima a compartir esa alegría dejando para "la semana que viene" la rutina del resto del año.

Miles de farolillos y bombillas iluminan la feria y su portada, desde su inicio con el lunes del alumbrado, hasta su culminación el domingo con los fuegos artificiales.

 

Más de 1000 casetas y un parque de atracciones hacen realidad el delirio y disfrute de los más pequeños y mayores, sin olvidar el majestuoso paseo de caballos y enganches, todo rodeado de armonía y alegría entre bailes, cantes y manzanilla.

 

Historia de la Feria de Abril

 



Historia
 
La palabra "feria" es latina feria, feriae, era usada en plural feriae, feriarum. Los romanos la citaban para señalar fiestas y días de descanso, pero no era descanso referente del trabajo, sino de todo acto civil para dedicarse al culto religioso (vacare diis) y festejos que se celebraban.

Corría el año 1254 cuando el Rey Alfonso X, también llamado el Sabio, hijo de Fernando III el Santo otorgaba el permiso para la celebración en Sevilla de dos ferias anuales, una de primavera en abril y otra de otoño en San Miguel.

 

De ambas se tenía lejanos recuerdos cuando en 1846 dos sevillanos de adopción, concejales del Ayuntamiento hispalense, el vasco José María Ybarra y el catalán Narciso Bonaplata, se les ocurría la hermosa idea de su restauración.

Tras su propuesta formal, y previo estudio por parte de la comisión designada a tal efecto, el Ayuntamiento aprobó el 18 de septiembre de 1846 la celebración de una única feria anual en los días 18, 19 y 20 de abril, dejando la de San Miguel para un "después" y evitando la coincidencia en fecha con la de Carmona. El 5 de marzo de 1847 Doña Isabel II estampaba su firma en una Real Orden confirmatoria.

Se señaló para su inauguración el 18 de abril de 1847 y aunque se contaban con pocos días, Sevilla se dispuso a organizar la que sería su "feria nueva". Para ello se eligió como sede el Prado de San Sebastián, con 19 casetas en las que se comerciaban vinos, aguardientes, chacinas... sin olvidar el mercado ganadero, su razón de ser.

El 17 de abril, visperas del festejo, se abrió la Exposición ganadera en la Plaza de Toros de la Real Maestranza.

 

Desde sus comienzos la feria contó con el aliciente de los acontecimientos taurinos. Se celebró una corrida de toros el 17 de abril en la que se lidiaron seis ejemplares de la ganadería de Taviel de Andrade y dos de Francisco Arjona, para los diestros Juan Lucas Blanco de Sevilla y Manuel Díaz de Cádiz.

La feria resultó un éxito. Los visitantes forasteros superaron los 25.000 y los sevillanos duplicaron esta cifra. Los períodicos de la época dedicaron grandes elogios por su brillantés y animación, y se presumía que llegaría a ser la primera de las que España tiene.

Desde entonces y hasta nuestros días por la Feria de Abril han pasado muchos momentos de explendor, convulsiones políticas y penurias... ha conocido dos emplazamientos diferentes y ella misma ha evolucionado desde un origen eminentemente ganadero hasta la feria urbana que hoy es. Pero desde sus comienzos ha sido la fiesta de la primavera sevillana, un farolillo de luz y color que durante unos días cada año descubre lo mejor de esta ciudad y sus gentes, nos alegra y nos anima a compartir esa alegría, dejando para "la semana que viene" la rutina del resto del año.

 

Contaba con un total de 19 casetas y fue tan grande el éxito obtenido que pocos años más tarde, en 1950, hubo que separarse lo que era la mercadería del ganado y el espacio para la diversión.

Viendo el éxito de sus primeras vísperas, al Ayuntamiento se vio obligado a ir ampliando el lugar de celebración y la publicidad de la ocasión, en 1890 es editado el primer cartel oficial anunciador de la feria, en 1910 se difunden folletos divulgativos.

El año 1914 los tres días se convierten en cinco, la añadidura del sexto día de feria se produciría en 1952.

A partir de la década de 1920 la feria se empieza a parecer a lo que es ahora, una ciudad artificial y efímera de sólo unos días de duración donde se instalan casetas para el regocijo de los visitantes foráneos y autóctonos, vendedores, juerguistas, curiosos, artistas y famosos.

 

Durante años el recinto de la feria se conoció como "la Pasarela", debido a una estructura existente que era utilizada para cruzar la calle, hasta el año 1973 que fue preciso reubicar las casetas por las distintas demandas, de feriantes, organismos y público, el espacio se quedó pequeño y su lugar de asentamiento fue el barrio de Los Remedios, una zona casi rectangular con una medida de 1,5 km por 600 m, con nombre propio el "Real de la Feria", con calles que fueron bautizadas con nombres de toreros de todas las épocas, adornadas de farolillos de distintos colores que iluminan la oscuridad de la feria cuando cae la noche.

 

 

 

Como la feria no deja de "crecer" se espera que en un plazo próximo cambie nuevamente de ubicación a un lugar de mayores dimensiones, se estudia que sea lo que se conoce como el Charco de la Pava.

 

Portada

La primera portada que se levanta en la Feria data del año 1949, cada año la portada está dedicada a algún acontecimiento importante, monumento o edificio de la ciudad, pudiendo alcanzar una altura cercana a los 50 m de arcos y torres con cierto toque de arquitectura regionalista, y puede ser observada tanto de día como de noche gracias a los varios miles de bombillas que la iluminan.

El punto de partida de la fiesta se inicia en primer lugar con la noche del pescaíto, cena previa al alumbrado o alumbrao cuyo plato principal es pescado frito acompañado del característico vino fino o la manzanilla. Después se prepara todo para el alumbrao, esto es el encendido de las miles de bombillas de la portada y calles del recinto. Se realiza oficialmente a la medianoche del lunes al martes.

El punto final es el domingo siguiente con el apagado de las bombillas de la portada y acompañado momentos después por un castillo de fuegos artificiales.

 

 

 

El lunes referido es el lunes de dos semanas posteriores a la finalización de la Semana Santa en Sevilla, excepto si eso obligara a que la Feria fuese en mayo, en cuyo caso caso sólo transcurre una semana entre una fiesta y otra.

 

 

El número total de bombillas que iluminan la Feria asciende a un total aproximado de 350000 cubiertas por sus peculiares farolillos venecianos de distintos colores, consiguiendo con esto una vistosidad y luminosidad muy peculiar. En las bifurcaciones de las distintas calles estas bombillas están dispuestas en forma de paraguas, que culminan en un alto mástil, aquí no las recubren los farolillos.

 

Las "Casetas"

En los primeros tiempos de la feria, al estar relacionada con la venta de ganado, lo que se calificaba de caseta era el equivalente a un establo. En la correspondiente al año 1849 el Ayuntamiento montó la primera caseta tal como se entiende el término ahora. Su estilo era el de una tienda de campaña, con la intención de vigilar y mantener el orden público, que cambió al poco tiempo debido al ambiente festivo que allí existía. Un año después se colocaron otras casetas con diversos elementos de ocio, alimenticios y otras utilidades.

Con el transcurso de los años, familias y algunas instituciones quisieron disfrutar más tiempo de ese espacio que se aventuraba anual, eso hizo que el número de casetas fuese en aumento, cada cual la adornaba a su antojo quedando todo muy pintoresco, adquiriendo formas morunas, circulares, militares... Fue en el año 1919 cuando se consiguió cierta uniformidad en el estilo, basandose en un diseño realizado por el pintor Gustavo Bacarisas. La uniformidad total se consiguió en el año 1983 cuando se establecieron normas para el montaje.

 

 

 

Cada caseta está compuesta por una estructura de tubos enganchados unos a otros recubiertos por una lona con listas en colores verdiblanco o rojiblando de unos 10 cm de ancho, la parte externa tiene como principales objetos decorativos la pañoleta, coronando la fachada adornada con dibujos o motivos barrocos tradicionales o regionales y conteniendo el nombre de la caseta o un elemento identificativo, o las dos cosas al mismo tiempo, y la barandilla, que hace de "terraza" al mismo tiempo.

Las cortinas de la entrada a la caseta deben estar cubiertas obligatoriamente de material ignífugo. En el interior existe una división realizada por unas simples cortinas en dos partes, la perteneciente a la entrada al espacio, está decorada a gusto de los responsables de la caseta, sin motivo publicitario alguno, es la llamada "parte noble", aquí debe existir un "suelo de tablas", aunque muchas casetas lo tienen hormigonado, pero no es impedimento para colocar una tarima que sirva para el baile. El acceso al interior o la trastienda no debe estar oculto por nada.

Los motivos decorativos sirven para además de llevarse algunos de los diversos premios que el Ayuntamiento otorga a las casetas, también son para mostrar características particulares de los responsables de la caseta en sí.

 

En la actualidad el número de casetas que conforman la Feria asciende a 1047.

Los sevillanos que tienen casetas propias, (no todas las casetas son propiedad de sevillanos, muchas son gestionadas por empresas) hacen de la caseta un trozo más de su propia vivienda donde reciben a los distintos grupos de amigos, familiares, conocidos e invitados, todos tratados con la misma cordialidad en un ambiente amigable y de relajación, donde se les invita a probar los dispares alimentos y vinos de la región, al tiempo que existe un ambiente musical muy típico de la época como son las sevillanas y hay hasta quien se arranca a cantar y bailar bajo los sones de las distintas melodías ambientales.

 

Muchas de las casetas no permiten el acceso al interior si no es previa muestra de invitación o compañía de un socio de la caseta. A los visitantes de la feria que no tienen donde acudir a refrescar sus resecas gargantas y descansar sus cuerpos, se les invita a pasar por las casetas que tienen acceso libre a todas horas del día y de la noche, estas son las múltiples casas regionales, los sindicatos y partidos políticos y los distritos de la ciudad. Para identificarlas se puede acudir a la caseta de información situada justo al lado de la portada donde se puede solicitar un plano de la Feria, con una relación detallada de las casetas existentes o simplemente la ubicación de tal o cual caseta.

 

El traje de feria

Consiste en el traje típico de la ciudad, su antigüedad se remonta a los primeros tiempos de la feria, donde acudían las mujeres de los tratantes o comerciantes, muchas de la etnia gitana y también campesinas, vestían cómodas batas de faena, a las que se les añadía dos o tres volantes que con el transcurrir de los tiempos se fueron convirtiendo en moda, además de ser una prenda cómoda de llevar, realzaba el cuerpo femenino dándole un toque de sensualidad que no conseguían con otras ropas. Este hecho llamó tanto la atención que las distintas clases de alta cuna comenzaron a copiar la indumentaria a partir de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. El traje de flamenca había dado el salto a formar parte de la moda.

 

Con el tiempo, aquella bata que comenzó siendo una prenda cómoda de llevar a faenar, pasó a ser el "traje de feria" para grandes y pequeñas, familias acomodadas y humildes, no había distinción de clases ni edad, y su evolución fue paralela con el resto de diseños que se actualizaban con cada época, apareciendo con distintos escotes, pelo recogido de una manera u otra, traje ceñido o más suelto, acompañándose con otros complementos como son las flores, collares, pendientes, mantones de Manila... en pocas palabras, en constante evolución sin dejar de ser una prenda cómoda y vistosa de llevar.

Se trata del único traje regional que tiene moda, variando su estilo con el paso de los años. Sirva como ejemplo la definición que hizo el pregonero de la Semana Santa de Sevilla, D. Manuel Toro Martínez, en su pregón en el Teatro Lope de Vega en 1979, del traje de flamenca y el baile por sevillanas:

Extracto del Pregón de la Semana Santa de Sevilla de 1979

 

En la indumentaria masculina, los caballistas van vestidos con el tradicional traje de corto y el sombrero cordobés o también llamado de ala ancha, también era un traje de faena del campo y por lo tanto con el que se acudía a tratar, vender y comprar, el sombrero sólo era estética de la época, pero bien agradecido que es para impedir que los rayos solares, que son casi un constante de la feria, calienten la cabeza de quien lo utiliza.

 

 

 

Por motivos de comodidad a la hora de cabalgar, también pasó a formar parte del atuendo femenino para las amazonas, siempre entrando dentro de unas normas o márgenes, tanto para moda masculina como femenina, así los sastres de la ciudad impusieron unas "leyes" que son de obligado cumplimiento cuando se trata de vestir el traje corto, siendo de unos tonos oscuros, lisos o con pequeños dibujos típicos de trajes, así como haciendo juego el sombrero y los pantalones, incluidos los complementos...

 

... y a los que se añaden otras normas pertenecientes al físico de quien lo lleva, quedando fuera de estilo el uso de corbata, bufanda, guante, incluso el reloj de muñeca queda fuera de lugar, prefiriendo físico imberbe con un corte de pelo casi militar, por supuesto las gafas de sol, deben ser dejadas a buen recaudo, para nada a la vista, por mucho que el sol brille en su intensidad. Tampoco está bien visto acompañarse de un catavinos ni medallas, que se encuadra más dentro de una romería, lo mismo que los zahones y espuelas, son elementos que están de sobra.

 

 

 

De sobra está decir que cada cual puede ir vestido al recinto como más cómodo se sienta, a nadie se prohíbe la entrada al Real de la Feria porque no lleve puesto un traje de flamenca o vaya de corto.

 

El cante y baile por sevillanas

Las sevillanas son el cante y baile típico de la Feria de Sevilla. Su origen se encontraría en los años previos a la época de los Reyes Católicos, en unas composiciones que eran conocidas como "seguidillas castellanas", con el tiempo evolucionaron, añadiéndose el baile en el siglo XVIII hasta llegar a los cantes y bailes con que son nombradas actualmente.

 

 

 

A la Feria de Sevilla llegaron el mismo año de su fundación con el nombre que la caracteriza, aunque no fueron reconocidas legalmente con ese término por la Real Academia Española de la lengua hasta el 1884 que fue incluida en el diccionario de la lengua española.

En las sevillanas existe una variedad infinita de temáticas entre las que podemos clasificar como las más relevantes: las regionalistas (Feria, Semana Santa, personajes famosos, toros, Sevilla, etc.) de tipo amoroso, rocieras, corraleras, etc.

 

 

 

También se pueden clasificar los bailes como rápidos o lentos. Las sevillanas se suele bailar por pareja, salvo excepciones y experimentales combinaciones donde el baile lo ejecuta una formación de más de dos personas al mismo tiempo.

Aunque es el cante y baile el que más se escucha -se canta, se baila y se tararea mientras dura la fiesta-, también hay casetas donde se puede pasar el día acompañado con otros sones y danzas, orquestas y cantantes famosos.

 

Paseo de caballos (de carruajes y caballos)

El "coche de caballo" es el único elemento de transporte permitido en el Real de la Feria, siempre ha sido así y así se supone que será de por vida, salvo la excepción de los vehículos de sanidad, auxilio y seguridad pública que si van motorizados.

Desde el principio de su existencia el público se trasladaba a la Feria en calesas y jardineras para negociar con el ganado, así mismo los carruajes también rivalizan entre sí, pudiéndose observar transitando por las calles toreras los más bellos de España, con sus nobles caballos y sus cocheros, cada uno ataviado con sus correspondientes galas, el traje corto y sombrero denominado también de ala ancha, así como los caballos con sus borlas, campanillas y cascabeles.

 
 
 

Por las calles del Real de la Feria se realiza un "recorrido oficial" al que no deben faltar cada jornada a la hora del mediodía aproximadamente estos "coches de caballos" embellecidos y tirados por enganches enjaezados con sus caballos y chóferes bien acicalados o caballos y caballeros o amazonas bien emperifollados y acompañados o a solas, haciendo gala del título que ostentan en esos momentos realizando el "paseo de caballos", que no es otra cosa que una exhibición y muestra de sus dueños. Al principio en el siglo XIX se notaba la calidad social entre carruajes, distinguiéndose entre los que podían mostrarse en coches de paseo con cocheros profesionales y lacayos y los tratantes de ganado que tiraban de la calesera, cada cual siendo tirado por caballos y mulos respectivamente.

El presente no hace distinción entre unos y otros, siendo arrastrados los carruajes tanto por mulos como por caballos indistintamente, durante la década de 1970 se produjo un descenso del número de coches por diferentes razones, esto influyó en los distintos gremios del sector (guarnicioneros, herradores, carroceros, carpinteros, etc.), quedando muy pocos en activo en estos momentos.

 

 
 

Paralelamente a esta exhibición diaria por el recorrido del Real, también se producen otros en días previstos en la Maestranza de Caballería, gracias a que un grupo formado por personas de renombre en Sevilla como Antonio Sánchez Bedoya, Luis Millán y Luis Rivero Merry, que eran aficionados al "arte del enganche" y se preocuparon por recuperar y salvaguardar los coches de caballos, fundando en 1983 el Club de Enganches de Andalucía, por donde pasaron cientos de coches de toda Andalucía con gran valor artístico y económico. En esta Exhibición de Enganches realizada en el recinto torero se pueden ver carruajes de todos los tiempos, de la aristocracia y burguesía andaluza. Muchos de ellos son de categoría superior.

 

Los caballos y carruajes se pueden ver deambulando por la Feria desde el preciso instante que comienza el "paseo" hasta la hora oficial de acceso permitido para los animales: las 20:00 (a esa hora deberán empezar a desalojar obligatoriamente el Real). A partir del año 2005, debido a la masificación existente, se ha optado por permitir el acceso de los carruajes en días alternos, según su matrícula sea par o impar.

 

La "calle del Infierno"

Durante una semana el "Real de la Feria" se convierte en un hormiguero humano que no para en ningún momento. Siempre hay una caseta que tiene "vida", donde hay gente cantando y bailando sevillanas, mujeres vestidas con el traje típico de flamenca y el niño que pide que lo lleven a los cacharritos.

 

Estos cacharritos al que ningún niño quiere faltar, no son otra cosa que el parque de atracciones, con su adecuado nombre propio: "La calle del Infierno". Es el típico conjunto de artilugios (aproximadamente unos 500) para dar vueltas y ganar premios, admirar payasos y "otras fieras" que deambulan cerca, todo acompañado por el olor típico de las carnes que se guisan para disfrute de los que estén en ayunas todavía o les apetezca un bocadito y el ruidoso sonido con el que se intenta tentar al público a las distintas atracciones.

 

Los toros

Por ser una fiesta de tradición ganadera al mismo tiempo, se celebra paralelamente y desde una semana antes del comienzo de la Feria, el ciclo taurino en la Real Maestranza de Caballería, con unos carteles en los que se dan cita los mejores matadores del momento y las mejores ganaderías españolas.

 

 

 

Los festejos dan comienzo a las 18.30 con el tradicional paseillo a los sones del pasodoble "Plaza de la Maestranza" interpretado por la banda de música del Maestro Tejera, titular del coso del baratillo. A los toros suele acudir la gente directamente desde la feria en coches de caballos y es muy habitual encontrar entre los asistentes a muchas caras conocidas de la sociedad sevillana, andaluza y española.

 

 

La plaza de toros de la Maestranza, por su historia es considerada por muchos la más importante del mundo. Un triunfo en la Maestranza, en la que hay que cortar 3 orejas para salir por la Puerta del Príncipe, encumbra al torero a lo más alto de los escalafones.

 

 

Calentitos (churros)

Gracias a la aportación de una seguidora del blog, Beli, por recordarme que no podíamos dejar de lado esta tradición: Los buñuelos o los churros, a elección del consumidor, acompañados de chocolate caliente, son otra de las tradiciones del feriante. Una vez que emprendemos el viaje de retorno se puede parar en los puestos de buñuelos.

 

En estos puestos, regentados por familias gitanas, se puede disfrutar de la pintoresca estampa de las mujeres ataviadas con bonitos delantales de color blanco inmaculado, friendo los buñuelos en enormes peroles de aceite hirviendo a la antigua usanza, mientras otros miembros de las familias los sirven en mesas dispuestas para su consumo.Igualmente existe la opción de llegar hasta uno de los múltiples puestos de churros que se encuentran de la Feria al centro de la ciudad y paladear el último bocado antes del merecido descanso.

 

Ya en la antigua feria, en el real del prado de San Sebastian, existían los famosos puestos de chocolate con churros, que colmaban a los feriantes que volvían a casa después de un largo día de feria con los famosos ``calentitos´´.
Esos puestos, regentados por familias dedicadas en exclusiva a ese menester, aun siguen existiendo hoy en día, después de varias generaciones que siguen haciendo posible esa maravillosa tradición.

 

Datos sobre la Feria :

-Superficie total recinto ferial (con aparcamientos): 1.000.000 m².

-Superficie del Real: 450.000 m².

-Número manzanas: 24. -Calles: 15

-Número de casetas: 1.047.

-Distribución: 27 casetas de tipo familiar de titularidad única, 499 familiares compartidas, 311 entidades, 190 de peñas, 1 municipal, 6 distritos y 13 servicios municipales.

 

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