Fábrica Ramos Rejano y Bazar sevillano

D. Manuel Ramos Rejano nació en Palma del Río (Córdoba) el 19 de Octubre de 1851, llegando a Sevilla a la edad de trece años con la intención de ingresar en el ejército, pero al fallarle una previsible recomendación ingresa como dependiente en la ferretería sevillana “El Candado” hasta que cumplió 25 años.


El Industrial D. Manuel Ramos Rejano, cuyo retrato aparece reproducido en el retablo de la Coronación de la Divina Pastora del Convento de  Capuchinos de Sevilla pintado por Enrique Orce Mármol en 1921.

En 1876 pues, guiado por su voluntad de tener comercio propio abre junto con su hermano el Bazar Sevillano, en la calle Tetuán 10 esquina a Muñoz Oliver (donde se vendían juguetes y bisutería fina, y más tarde cerámica). A través de su cuñado, el pintor José Villegas Cordero (1844‑1921), hermano de su esposa, toma contacto con el mundo artístico y de la cerámica para mejorar su negocio. Se relaciona con los ceramistas Francisco Díaz Álvarez, Fernando Soto, los hermanos Jiménez y Mensaque. Tuvo contacto, aunque menos, con José Gestoso y Pérez.

 

Tras prosperar en su negocio, decide entrar de lleno en la actividad industrial de la cerámica hacia 1895, tras aficionarse a los barros vidriados. Le dedica tiempo y dinero, buscando por encima de todo una alta calidad artística, en un tiempo en que la competencia entre las distintas fábricas era alta.

Esta Fábrica de cerámica radicada en el popular barrio sevillano de Triana fue una de las más prestigiosas del siglo XX. Fundada por Manuel Ramos Rejano en 1895, desarrollaría su actividad hasta 1965, en diversas etapas: la primera, desde 1895 hasta 1922 en que fallece su fundador, continuada desde ese año  bajo la razón social “Vda. e Hijos de Ramos Rejano” y posteriormente “Hijos de Ramos Rejano” , aunque popularmente esta industria siempre se ha conocido y nombrado con los apellidos de su fundador, osea, “Ramos Rejano”.

Su primera fábrica se abre en la zona de los Remedios, al término de unas fábricas de cerámica que lindaban con la factoría de loza de Sandeman McDougall,  en San Juan de Aznalfarache. En 1905 la traslada a unos locales en la calle San Jacinto, 101, lugar que ocupa hasta su cierre en 1965. En la calle Tetuán mantuvo el escritorio y venta al público hasta su cierre, en cuya fachada había unos faroles que hoy los encontramos en la Capilla de la Hermandad de la Carretería.

Empezó con un número de operarios cercano a cuarenta, y se fueron incorporando pintores de cerámica como Manuel Vigil‑Escalera y Díaz (tuvo allí su estudio desde 1915 hasta 1938), Enrique Orce Mármol (de 1917 a 1.927), Manuel García Bermúdez, Pedro Navia Campos, Juan Gómez Perea y Manuel Baena Gutiérrez, y poco más tarde Juan Oliver Míguez, su primo Alfonso Chaves Tejada (maestro del taller hasta el cierre de la fábrica), Pedro Lobo de la Vallina, Antonio Díaz Ropero, José Colchero Cano y el escultor Francisco Cluny. En la última época, años sesenta, también colaboró el pintor Antonio Carrera.

José Gestoso califica a Ramos Rejano de “reputado comerciante e inteligente industrial”, y resalta el alto valor artístico y la calidad de la producción, caracterizada por la limpieza de los esmaltes, pulcritud y finura de las labores. Obtuvo una perfección inalcanzable en el proceso de dorado y reflejo metálico de las piezas, que los artistas de los siglos XV y XVI habían ejecutado con tanta maestría.

Contó en este terreno con el buen hacer de Cándido Arincón, maestro del reflejo. Contribuyó pues a crear una base sólida para la cerámica moderna en el primer cuarto de siglo XX, que perduró. La firma obtuvo entre otros el Gran Premio de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929) e Internacional de Lieja (1930).

La Fábrica participó en numerosas exposiciones nacionales e internacionales. En una de las fotografías se recoge una muestra de la variada producción que tuvo, así como la alta calidad de sus trabajos en todos los géneros de la industria del barro

Manuel Ramos Rejano tuvo seis hijos, cuatro varones y dos hembras, y falleció el 26 de Octub
re de 1922, en pleno apogeo y éxito profesional que no pudo disfrutar plenamente, pasando la razón social a denominarse Fábrica Viuda e Hijos de Ramos Rejano, e incorporándose su hijo Manuel Ramos Villegas a la dirección hasta el cierre, estudiando Ingeniería Industrial y Ciencias Químicas. A él, que había estudiado ambas carreras universitarias a instancias de su padre para que pudiese continuar y dirigir la empresa con acierto, le corresponde regir la fábrica en la época de la Exposición de 1929, la guerra y la postguerra. Posteriormente, a mediados de siglo, la crisis del sector y las diferencias entre sus sucesores obligaron a cerrarla definitivamente en 1965. Manuel Ramos Villegas falleció en 1970.

 

El Bazar Sevillano en los años 40

Aqui reflejamos varias facturas del Bazar Sevillano que nos trasladan a la importancia que tuvo el comercio en su epoca.

Presentamos algunas facturas elegidas entre las de finales de la década de 1840, cuando los Duques de Motpensier se acaban de instalar en Sevilla (mayo de 1848). La primera es la única que nos da la información del domicilio: Sierpes 92, y está fechada el 3 de junio de 1848. El propietario es un señor de nombre A. Barthou.

A partir de la siguiente ya ni siquiera se da el domicilio. Son facturas que responden al modelo puramente contable sin contaminación de cualquier reclamo publicitario: nombre de la entidad, propietario y el lema “precio fijo”, que para aquellos tiempos sería algo así como “todo a cien”, o similar, para nuestra época.
Otra novedad relevante en esta factura, de fecha 18 de septiembre de 1849, es que el nombre de Augusto Barthou (la A. de la anterior ya tiene contenido) está tachado y se ha escrito a mano “Teodoro Arcimís”, el nuevo propietario, a juzgar por las siguientes facturas. Es lógico deducir que el cambio de titularidad se ha debido producir tan recientemente que ni siquiera se ha podido hacer una impresión correctora.

La tercera factura, de fecha 20 de diciembre de 1849, es exactamente igual que la anterior, pero ya lleva impreso el nombre del nuevo propietario: Teodoro Arcimís. Muy pocos datos, en definitiva, porque los productos que se compran en las distintas facturas (objetos de escritorio y lámparas) tampoco nos ayudan mucho a caracterizar el Bazar.

El Bazar Sevillano en los años 50

Las facturas de la década de 1850 son igualmente sobrias y sencillas: nombre de la entidad, lema del “precio fijo” y propietario. Nada más, ni siquiera aparece el domicilio. Es prueba de una empresa consolidada y prestigiada que vende con sólo su nombre sin necesidad de publicidad de ninguna clase. En las tres que presentamos en esta entrada la única variación son los tipos de letras utilizados para el rótulo de la empresa.

Sin más datos se buscó en Google “Arcimís Sevilla” intentando recabar alguna pista. Cuál no sería la sorpresa cuando lo que se encontró fue la noticia de un prestigioso astrónomo y meteorólogo nacido en 1844, llamado Augusto T. Arcimís Werle (también escrito Werhle), que perteneció a la Institución Libre de Enseñanza y estuvo muy relacionado con D. Francisco Giner de los Ríos. Fue el primer director del Instituto Central Meteorológico, en Madrid y falleció en 1910. Un científico de prestigio, pero tan distinto a lo que se iba buscando.

Sin embargo, había unos datos en esa biografía que daban pistas a seguir. Primero el apellido, de origen griego, muy poco corriente, lo emparentaba directamente con el nombre de la factura. Por la fecha de nacimiento muy bien podía ser su hijo. Había nacido en Sevilla, pero estudió en Cadiz y su vida se desarrolló en esta ciudad, hasta que en los años 70 se marchó a Madrid.

A partir de estos datos se podia tener una hipótesis, porque podia haber visto una factura de un Bazar Gaditano de 1848 en el Archivo, y también en un lugar de subastas de Internet una factura de este mismo Bazar de Cádiz, pero de los años 80. Se comprobó y efectivamente la del Archivo era de Augusto Barthou y la segunda de Teodoro Arcimís.

Ya se tenía elementos suficientes para llenar de contenido esos escuetos datos de las facturas. Por último observen el nombre de quiénes firman el “recibí” en la segunda y tercera factura, en una es Rossy (su nombre debe ser Juan, aunque no lo escriba) y en la otra Francisco Carrera, a los que podremos ver posteriormente montando sus propios negocios como eficaces empresarios. El Bazar debió de ser una buena escuela para jovenes con iniciativa y espíritu emprendedor.

El Bazar Sevillano en los años 60

De la década de 1860 se observa la factura del Bazar Sevillano, marzo de 1866, en la línea de todas las anteriores, sólo que ahora curva el rótulo y que el propietario es una sociedad de nombre “Arcimís y Compañía”.

Es el momento de explicar la hipótesis de esta investigacion…

El Bazar estaba sólidamente instalado en Cádiz, dirigido por Augusto Barthou. El nivel comercial de esta ciudad era muy superior al de Sevilla en la primera mitad del siglo XIX. A pesar del golpe de la pérdida de las colonias americanas, la tradición comercial y burguesa gaditana se mantenía firme y se ha podido observar claramente en las compras y facturas de los Duques. Además también se puede comprobar como, a la sombra de ese repunte sevillano de los años 40, empresarios de aquella ciudad establecen sus negocios en ésta otra. Es el caso de Pickman, de Aponte, de la Litografía Alemana y de otros. Sevilla parece que tiene un futuro prometedor y recibe la aportación de empresarios foráneos, como Bonaplata, Ibarra, Lavallée, Dubuisson, Regnier, etc, atraidos por las nuevas circunstancias que está viviendo la ciudad.

Por ejemplo, de 1869 se puede ver una factura de El Candado, en la calle Cuna de “Ramos Alonso y Fernández”.

Los gaditanos son unos más en este contexto y, por este motivo, no es de extrañar que el Bazar Gaditano estableciera una sucursal en Sevilla, dirigida por un hombre de absoluta confianza del propietario, llamado además a sucederle, como en otros muchos casos de empresas y comercios. Esta persona será Teodoro Arcimís, emigrante de origen griego, que se establece en la ciudad, en la calle más importante, ya en la primera mitad de la década de los 40, puesto que su hijo Augusto (es significativo que reciba este nombre idéntico al del Sr. Barthou) nació en 1844 en Sevilla. En 1849 el negocio pasa a Teodoro Arcimís, bien porque se retirara D. Augusto o porque falleciera, y se vuelve a Cádiz, la sede central de la empresa, después de dejar consolidado el negocio en Sevilla. Por este motivo su hijo, Augusto T. Arcimís, nacido en Sevilla estudia, sin embargo, en Cádiz y es, en definitiva, un vecino más de esta ciudad, como lo atestigua su biografía.

El Bazar Sevillano en los años 70

En los años de la década de 1870 se produce un cambio radical en esta empresa: nuevos propietarios, Ramos y Moreno; nuevo domicilio, Tetuan 8, junto al Teatro; y nuevo estilo en la factura, con más adornos e información. Por cierto que ésta se imprime en una Litografía de París, M. Gerault.

Pero, en resumen, ahora ya es capital sevillano y empresarios autóctonos, que cuentan, además, con una trayectoria previa importante.

El apellido Ramos nos lo encontramos en muchas de las empresas sevillanas del último cuarto del siglo XIX, unas veces de forma colectiva (Hermanos Ramos) y otras de forma individual. El otro apellido que forma esta sociedad del Bazar Sevillano, Moreno, está presente también en muchas empresas pero, en cambio, no se puede asegurar que corresponda siempre al mismo individuo o familia.

En 1873, éstos últimos son los propietarios de La Llave como “Alonso Fernández y Cª” (luego serán “Alonso Hermanos y Cª”) y aparece como único propietario de El Candado “Enrique Ramos”, en una factura de 1876, el mismo año en el que el negocio, un poco más tarde, será traspasado a los “Herederos de Labayen”.

La firma de Moreno se relaciona con la ferretería de La Orden y Moreno, situada en las calles Siete Revueltas, 18 y Alcaicería, 42, entre los años 1856 y 1864. En esta fecha se traslada a la Plaza del Pan nº 4, hasta que, hacia finales de 1873 o principios de 1874, es traspasada a la sociedad “Sánchez García y Cª”.

Si la hipótesis es correcta, tanto ese Ramos como ese Moreno, disponen, desde mediados de la década de 1870, del capital suficiente para hacerse cargo del Bazar Sevillano, como asi sucedió y lo prueba la factura de 1878.

El Bazar Sevillano en los años años 80

En concreto a principios de 1883, el Bazar Sevillano pasa a la familia Ramos bajo el nombre social de “Ramos Hermanos”. Se da esta fecha concreta porque, como se puede observar,

sobre la misma factura anterior, se imprime, en tinta roja, el nombre de los nuevos propietarios. La compra de la parte correspondiente a “Moreno” ha debido ser tan reciente que no ha dado tiempo a crear una nueva factura.

Esta es la nueva factura del Bazar Sevillano. Como se puede ver no presenta ninguna novedad en el diseño, salvo en la parte escrita donde se expone lo internacional de su oferta. También ha sido

encargada a la misma imprenta de París que hizo la de los años setenta, aunque ahora es de la Viuda e Hijos de M. Gerault.

 

En este punto aparece un nombre nuevo como es el de Francisco Ramos Calderón, se desconoce si pertenece a esta familia, pero que aparece ahora, en esta década de 1880, con un negocio de

maderas que va a tener bastante proyección futura. El nombre de Ramos no es tan exclusivo como el de Arcimís, es mucho más corriente, pero su coincidencia con la fecha me da que pensar, así como

 

que el tipo de empresa sea muy diferente, seguramente para diversificar los negocios de la familia y no hacerse la competencia entre ellos.

Este grandioso anuncio publicitario realizado en azulejos podemos admirarlo en la calle Tetuán de Sevilla, realizado en 1924. Se colocó en la fachada del antiguo Bar El Sport por el representante de la firma de automóviles americanos en Sevilla. Su proyectada ubicación se encontraba el Bazar Sevillano, en calle Tetuán 8,  junto al desaparecido Teatro San Fernando.

El Bar El Sport era un establecimiento que aunque funcionaba como bar, era más bien un club al estilo inglés, de admisión restringida, cuyo propietario, enfocó el negocio como un local de tertulia donde se daban cita algunos personajes de la vida social y económica sevillana de la época. Cerró sus puertas a principios de la década de 1970. En la actualidad el local está ocupado por una joyería.

Hoy, evocar Studebaker significa rememorar una de las grandes marcas americanas de coches del mundo, cuyo recuerdo sigue vivo en el ánimo de los coleccionistas.

 

FUENTES: http://facturasdesevilla.blogspot.com.es – http://www.retabloceramico.nethttp://elforocofrade.es – http://designteresados.blogspot.com.es

SMYL©2015
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2 thoughts on “Fábrica Ramos Rejano y Bazar sevillano”

  1. Me encanta la Historia de Sevilla, la huella que dejó en el tiempo y cómo evolucionaron algunos comercios que crearon escuela y, (los menos), aún siguen destacando.
    Mi más entusiasta enhorabuena a su autor y a tí, estimado Antonio por traernos estas joyas a la sevillanía y mundo mundial.

    Mari Carmen.

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