De los orígenes de Ispal…

A la Paz de Dios.

Casi siempre que se habla del origen de Sevilla, surgen varias versiones. Se sabe poco sobre la fundación de muchas de las ciudades más antiguas, por la falta de documentación real. Sin embargo, estás ciudades históricas, tienen gran cantidad de leyendas que cuentan su fundación e historia. Y, como ya se ha demostrado en muchas ocasiones, las leyendas se basan en hechos reales, adornados por la imaginación y la limitación de conocimiento de la época en que se crearon.

Y éste, es el caso de nuestra ciudad, novia del Guadalquivir.

Compartimos en toda Andalucía, un fundador legendario, que también se atribuye la creación de Barcelona y Sagunto, entre otras. Hércules, ese semidiós que vino a domar al ganado de Gestión, después de colocar las dos columnas que ponían límite al mundo conocido, quiso dejar aquí una ciudad.

Y aquí, la leyenda que es menos conocida, o al menos, menos extendida. El río, dividido en varios meandros y arroyos que lo alimentaban, formaban una zona inundable, donde sólo destacaba un altozano, en lo que ahora es la Cuesta del Rosario. A su alrededor, Hércules clavó unos palos, sobre los que construyó dicha ciudad. En esta versión, Hércules le dedicó esta ciudad a su hijo Híspalo, dándole nombre.

El caso es que, entre esta decisión hercúlea y la certeza de una Ispal fenicia, deja constancia del asentamiento desde el siglo VIII a.C. en nuestra ciudad.

Así, queda explicada, la primera parte del lema hispalense, «Hércules me fundó…»

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