Convento de San Francisco (hoy plaza nueva)

Desde su fundación, sobre el año de 1268, hasta su derribo en 1840 durante la regencia de María Cristina y siendo gobernador el General Espartero, casi seis siglos, ha sido uno de los principales centros religiosos y artísticos de la ciudad.
Estaba situado en la actual Plaza Nueva, pero con unas dimensiones bastantes más grandes, pues su perímetro era, comenzando por la fachada de la plaza de San Francisco, Albareda, Carlos Cañal, Zaragoza y Joaquín Guichot.

En este perímetro se encontraban todas las dependencias de los franciscanos, como la Iglesia, de grandes dimensiones, claustro grande, claustro chico, claustrillos y patios, con sus fuentes y jardines correspondientes, sala de profundis y sala capitular, biblioteca, noviciado, cocinas, cuadras, pajares, 2 enfermerías, huerta, patio de boticas, donde se cultivaban las plantas para elaborar medicinas, cementerio, hospedería de indias, hospital de San José de la Venerable Orden Tercera y además una serie de capillas de hermandades y asociaciones que estaban situadas alrededor de los claustros y en la portería.


La planta de la Iglesia era de cruz latina con los brazos muy poco prolongados. El cuerpo de ésta era de una sola nave, con dos de capillas que se abrían a la nave central. Tenia 16 capillas laterales y cinco puertas.
La Capilla Mayor se componía de un gran prebisterio, donde se situaba el gran retablo realizado en mármol policromado y dorado, realizado por los genoveses hermanos Aprile en 1.532. A partir del incendio de 1.716 se situó en el mismo la Inmaculada Concepción “La Sevillana”. A los lados de este gran retablo, uno a cada laso se situaban los sepulcros de los Marqueses de Ayamonte, patronos de esta Capilla Mayor.

En las capillas laterales de la iglesia, así como las que estaban alrtededor de los claustros y portería se situaban grandes obras de arte, y en casi todas se asentaban antíguas hermandades y asociaciones religiosas, que durante los casi 6 siglos de la existencia del convento pasaron en número a más de 40, la mayoría de ellas hoy extinguidas.
Independiente de las riadas y de los graves incendios que sufrió el convento en 1.527, 1.658 y 1.716, de los que se pudo sobreponer perfectamente, las mayores desgracias las padeció en la primera mitad del siglo XIX, pues en 1810, cuando entraron las tropas francesas en Sevilla, se apoderaron de él y lo incendiaron nuevamente, luego en 1835 con la desamortización de Mendizábal, suprimieron las órdenes religiosas, fueron expulsados los franciscanos y por último su demolición en 1.840, sus bienes fueron dispersados, perdiéndose la gran parte.

Las obras del Metrocentro han sacado a la luz restos del antiguo convento de San Francisco, Los hallazgos corresponden a la capilla principal y a una cripta. Éstos se unen a una fuente (de los siglos XVI o XVII), restos humanos, que podrían ser almohades (sin cofirmar) y uno de los muros conventuales. Según estas obras, el altar mayor coincidiría con el suelo del Ayuntamiento actual.
En la puerta misma del Ayuntamiento, descansan desde hace siglos las tumbas de decenas de personas que fueron enterradas en el antiguo Convento de San Francisco. En una ciudad como Sevilla, de larga historia, no es el primer caso en el que se han hallado enterramientos en lugares hasta ahora insospechado.

Más allá de la anécdota, los restos óseos que ahora han atraído la atención de numerosos sevillanos, constantemente asomados para ver el trabajo de los arqueólogos, se encuentran asociados a los muros de la iglesia del antiguo convento y se corresponden con enterramientos que se fueron haciendo y superponiendo desde el momento de la fundación del templo, en el siglo XII, hasta su demolición en el XIX.
Los restos fueron seccionados por la construcción de infraestructuras de servicios, como alcantarillas, tuberías de agua o servicios eléctricos, en la siguiente centuria, de forma que los arqueólogos sólo han podido hallar de él, en estas catas, las cimentaciones de sus muros.

La construcción del tranvía ya había proporcionado antes, sin embargo, más hallazgos de este convento: una antigua fuente del claustro, fechada en el siglo XVI y que será expuesta en el Museo de Bellas Artes de la ciudad, su capilla principal y una cripta.
De él, actualmente sólo se mantienen en pie, y ambos muy modificados, el arquillo del Ayuntamiento, lugar donde se situaría hasta el siglo XIX el acceso al atrio del Convento, y la capilla de San Onofre, prácticamente oculta entre los edificios del siglo XX que conforman la Plaza Nueva.
No obstante, del convento también se han conservado otras valiosas obras de arte, que hoy reposan en otros lugares: una de las más famosas es el Retablo de los Vizcaínos, que preside la capilla del Sagrario de la Catedral hispalense. También destacan dos gárgolas que se encuentran expuestas en el Museo Arqueológico y un retablo del siglo XVI, de mármol de Carrara, que ha llegado hasta el Pazo de San Lorenzo de Trasouto, en Galicia, después de que los condes de Altamira se lo llevaran hasta allí.

De la importancia que tuvo, además, dan una idea dos datos: fue sede de gobierno de la Custodia Hispalense de los franciscanos y la decoración de su «Claustro chico», con un conjunto de trece lienzos, fue el primer gran encargo que obtuvo, en 1645 y con apenas 28 años, uno de los pintores más universales de la Historia de Sevilla, Bartolomé Esteban Murillo.
Esta es la breve reseña de tan grandioso Monasterio, que después de casi seis siglos de existencia, es muy desconocido para la mayoría de los sevillanos.

Fuente: http://www.sevillainformacion.org/http://sevillaciudaddeembrujo.blogspot.com/

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