Cita en Sevilla

Desde el año 1984 hasta el año 1991, Sevilla tuvo un festival que se llamó “Cita en Sevilla”. Fueron ocho ediciones por las que pasaron artistas y grupos de primer orden como Miles Davis, The Kinks, James Brown, Frank Zappa…por sólo citar a unos cuantos muy llamativos. 

Y otros muchos que también se anunciaron pero por unos motivos u otros se cayeron del cartel. Los que vivieron aquellos conciertos los recuerdan con nostalgia y sabiendo que fueron testigos de algunos de los más grandes momentos musicales que se han vivido en esta ciudad.

Particularmente estuve en algunos de esos conciertos y es por eso mismo por lo que quiero recordar lo que fue para la ciudad y para los sevillanos. Ojala los mandatarios actuales retomaran un evento similar en la ciudad, seguro que generaría ingresos importantes para los tiempos que corremos y de paso podriamos disfrutar al igual que entonces de la música que nos ha tocado vivir actualmente.

Carrascus, historiador de la música de la ciudad es quien gracias a su blog nos permitirá saber lo que fue esa cita musical. Nadie como él puede contarte más batallitas sobre la historia musical en general y sevillana en particular porque la ha vivido en primera persona y ha conocido a sus protagonistas. Hace un tiempo emprendió la titánica tarea de documentar todo lo que aconteció en las ocho ediciones de “Cita en Sevilla”. 

A continuación un extracto de las ocho ediciones de Cita en Sevilla.
 



LA PRIMERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA… (Los prolegómenos)

El tiempo le ha dado a la “CITA EN SEVILLA” una pagina de nostalgia y de buenos recuerdos que hace que los que la vivieron la añoren, y los que no llegaron a vivirla sientan que se perdieron una parte muy importante de la historia musical y cultural de esta ciudad.
Sin embargo, aunque ahora todo el mundo esté de acuerdo en que las citas de todos aquellos años eran algo muy bueno y que mereció la pena celebrar, al principio no todo fueron buenaventuras, sino más bien lo contrario. La “Cita en Sevilla” tuvo que superar escollos muy grandes para poder salir adelante.

En aquella época, concretamente, el año 1.984, a esta ciudad solo habían venido a tocar desde el extranjero, que yo recuerde, los Troggs, Magna Carta y John Martyn. Y los de Producciones Informales aún no nos conocíamos siquiera. Así que la posibilidad de que alguien nos diese la oportunidad de ver en directo aquí a Joan Baez, Elton John y Eric Clapton nos parecía el colmo de la modernidad. Y eso fue lo que nos anunció el Ayuntamiento a finales de marzo de ese año.

La “Cita en Sevilla” fue un empeño del equipo de gobierno municipal del alcalde Manuel del Valle, sacado adelante por el delegado de Cultura, Bernardo Bueno, que sobre todo pretendía ser un medio para fomentar la actividad creativa sevillana, posibilitar la formación de nuevos planteamientos de vida a partir de la cultura, crear una infraestructura sólida para la producción artística tanto propia como de los artistas que viniesen de fuera, invertir en equipamiento cultural… y para ello, junto a los grandes nombres de la música mencionados antes, se invitaría también a otros de los más grandes intérpretes españoles (Serrat, Victor Manuel, Ana Belén) y a los grupos sevillanos que se movían por entonces de forma muy subliminal (Spray Naranja, Oxi 2, Brea, Brigada Ligera, Rompehielos…). Y también la “Cita” abarcaría toda una serie de ofertas que irían desde los demás estilos musicales, como el flamenco, el jazz, la ópera (venía Monserrat Caballé por primera vez); así como arriesgadas obras de teatro y exposiciones. Se trataba, en suma, de poner a Sevilla en el mapa cultural, y que la ciudad se encontrase con ella misma en unas jornadas que cubrirían los barrios y numerosos locales y solares del centro, uniendo el final de las Fiestas Grandes de la primavera con el principio del verano y la molicie de sus 40 grados a la sombra.

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1984 – LA PRIMERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA (El desarrollo)

El accidentado comienzo de la ”Cita en Sevilla” hizo que sus primeros días fuesen pasando como al ralentí. La revista promocional estaba muy cuestionada, al igual que toda la programación, y la difusión de los
primeros conciertos fue escasa. Y por eso el primero de todos ellos contó con una asistencia de público más baja de lo esperado, a pesar de que allí nos reunimos unas dos mil quinientas personas, cifra que no estaba mal para los conciertos que se daban en Sevilla.

Pero es que aquella ocasión mereció mucho más porque era el primer concierto de una estrella internacional de primera magnitud que había en Sevilla, y porque ésta era, ni más ni menos, que Riley “Blues Boy” King. El Rey del Blues, B. B. King, que venía a hacernos súbditos del trono que ocupaba desde hacía ya varias décadas.
El recibimiento fue tibio. Y no sé que impresión sacaría B. B. King de una organización que ni siquiera le permitió familiarizarse bien con el escenario en el que tenía que actuar, porque el recinto del Solar de la Maestranza, donde iban a tener lugar todos los conciertos importantes de la “Cita”, se terminó de preparar apenas un rato antes del comienzo del concierto.

Pero bueno, se llegó a tiempo y casi a las once de la noche apareció King, arropado por una banda de enorme clase, en la que destacaba la exótica belleza de la vocalista Debra Boston (que cantaba blues con todo su cuerpo), para dejarnos durante dos horas las notas de las tristezas nacidas en el delta del Mississippi, trasplantadas por una noche a las orillas del Guadalquivir.
Bueno, en realidad a esa hora apareció su banda. Y nos preguntábamos donde estaba King; bajo, teclados, batería, trompeta, saxo, y un guitarrista que no era él… un par de numeritos marchosos de mosqueo, más que nada supongo que para ajustar el sonido. Y después como si se tratase de un número de circo, apareció “el Rey”.
La tibieza del comienzo fue pasando paulatinamente de la tranquila calidez hasta la entrega incondicional. La intensidad fue subiendo durante todo el concierto, para ser un clamor cuando King quiso dejar el escenario después de terminar su actuación con “The thrill is gone”. No le dejamos, claro… y hasta cuatro bises tuvo que hacer antes de abandonar por fin, exausto, casi sin poder sujetar a su negra “Lucille”, su guitarra favorita.


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1985LA SEGUNDA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA
 
La segunda Cita en Sevilla se celebró entre el 17 de mayo y el 13 de julio de 1.985, aún en contra de los sectores más reaccionarios de la ciudad, que todavía venían quejándose de lo cara y escandalosa que resultó la primera edición. Pero el alcalde Manuel del Valle defendía contra viento y marea que el Ayuntamiento tenía que organizar este tipo de iniciativas porque, en caso contrario, Sevilla sería un auténtico desierto cultural.
Este año se contaba con algo más de presupuesto para sacar adelante la Cita; la inversión iba a ser de cien millones de pesetas, de los cuales la Junta de Andalucía aportaría diez; mientras que la previsión de ingresos por entradas (entre 300 y 1.000 ptas.) se situaba en torno a los cincuenta y cinco millones de pesetas. Por lo que ya se contaba con un déficit de antemano de 45 millones para levantar un oasis en el desierto anteriormente mencionado.

Así y todo, el alcalde y el concejal de cultura se avinieron a hacer este año una programación menos espectacular que la del anterior, pero a cambio, supuestamente más equilibrada y que diese satisfacción a las preferencias de sectores más ámplios de la ciudad. Lo que después se demostró como un grave error; primero, porque la oposición municipal siguió igual de intransigente o más aún, pidiendo incluso la dimisión de Bernardo Bueno; y segundo, porque los únicos espectadores que realmente respondieron a los conciertos programados fueron los mismos del año pasado, los jóvenes ávidos de rock and roll.

Y por eso el cartel de la Cita en Sevilla de 1.985 fue un batiburrillo tremendo en el que todo tenía cabida, desde las sevillanas a la copla, pasando por el humor, los cantantes babosos y la verbena popular. Y si las expectativas que levantó su presentación no fueron del todo malas, a medida que se iba desarrollando el evento los ánimos decayeron mucho debido a las bajas de última hora.

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1986 – LA TERCERA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

La tercera edición de “Cita en Sevilla” fue la más corta de las celebradas hasta ahora, y el motivo para que eso ocurriese era importantísimo: tenía que estar terminada antes de finales de mayo, y esta vez no se podía contar con el mes de junio para ningún concierto… porque en esas fechas se celebraba el Mundial de Fútbol de México ’86.
El otro aspecto importante que iba a distinguir a esta edición era que el Ayuntamiento salió escaldado de la poca participación que tuvo en la Cita anterior la gente de Sevilla, a excepción hecha de la juventud, y por eso ésta se iba a dedicar por completo a los jóvenes. 

Así que por el Solar de la Maestranza no pasaron tonadilleras, ni cantaores de flamenco, ni cómicos, ni grupos de sevillanas… solamente grupos de rock y pop españoles y extranjeros, junto a cantantes sobre los que ya se sabía que la apuesta era segura, y que también tenían buen predicamento entre los jóvenes; cantantes como Ana Belén y Victor Manuel, Serrat y Carlos Cano.
Durante los preparativos de la Cita, algunos de los nombres que se iban filtrando eran absolutamente ilusionantes. Se habían puesto a tiro artistas que jamás soñaríamos con que pudiesen tocar en Sevilla. Pero los tres más fantásticos de todos ellos se cayeron del cartel antes de empezar. El día de la presentación, cuando nos leyeron el programa de la Cita, casi nos echamos a llorar al descubrir que entre los nombres no estaban ni Ray Charles, ni Bruce Springsteen, ni los Cramps… pero es que tampoco estaban los Kinks!

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1987 – LA CUARTA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Para no desentonar con los demás años, la “Cita en Sevilla” de 1.987 generó problemas antes de empezar. Como siempre, era el grupo popular del Ayuntamiento el que señalaba cómo invariablemente este certamen era un gasto inútil de dinero de los sevillanos, y la contrapartida era escasa porque la programación siempre era mediocre. Estos golpes al muñeco (léase Bernardo Bueno) comenzaron ya desde febrero, pero además este año el concejal José Luis Montoya, al que ya conocéis del post de la Cita anterior, tenía un nuevo clavo ardiendo al que agarrarse, y éste era el que sujetaba el anuncio del Festival de la Canción Femenina de este año.

Los tres millones de pesetas que el Ayuntamiento había consignado como presupuesto para su celebración le parecían excesivos, habida cuenta de que “cualquier empresa, emisora de radio, asociación de vecinos y entidades de todo tipo organizaban concursos de canción con un desembolso mínimo, ya que se trata de promocionar nuevos valores”. Asímismo se quejaba de la concesión directa de la organización del festival a La Factoría, la empresa de Pive Amador y Pepe Benavides, porque consideraba sospechoso que ésta fuese continuamente tan favorecida por la Delegación de Cultura municipal, y encima se les diese medio millón de pesetas más para “consejeros de selección” y otras doscientas mil más para pagar al jurado que tenía que dilucidar el concurso, y que La Factoría se había ido a buscar a Madrid… “¿es que no hay en Sevilla personas capacitadas para formar parte de este jurado?”.

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1988LA QUINTA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

La principal novedad de la Cita en Sevilla de 1.988, en lo que se refiere a asuntos extramusicales, fue que el Ayuntamiento renunció a ser “manager” y no contrató directamente a los artistas, como venía siendo habitual. En parte por el revuelo que organizaron el año pasado los empresarios sevillanos, y en parte también por ver si así, siendo menor la inversión pública, el grupo popular (bueno, y Rojas Marcos, que seguía látigo en mano) dejaba de echarles en cara los estrepitosos fracasos económicos anteriores y les daba menos caña, cosa que a priori sí que consiguieron. El Ayuntamiento seguiría asumiendo todos los gastos de infraestructura necesarios, más de cincuenta millones de pesetas, pero ya ni la Junta de Andalucía ni la Diputación aportarían capital, y la contratación de los artistas que constituirían la programación correría a cargo de iniciativas privadas.

La consecuencia inevitable de esto, y la que más nos afectaba a los espectadores, era que el precio de las entradas iba a aumentar mucho, quedando este año en torno a las mil quinientas pesetas cuando se trataba de artistas de primera fila, que aunque ahora parezca barato, en aquellos años era una pasta importante para un joven, ya fuese universitario, currante o parado. De lo que se recaudase por taquillaje el Ayuntamiento se llevaba un porcentaje que variaba según el contrato específico que hubiese firmado con cada uno de los organizadores privados. De lo que se trataba era de que el taquillaje quedase en manos de los empresarios hasta un caché y unos costes de organización preestablecidos, y lo que sobrase (cuando sobrase, jejeje…), es decir, los beneficios, se repartirían a partes iguales entre el organizador y el Ayuntamiento.

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1989 – LA SEXTA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Pues llegaba una vez más el momento de organizar la nueva “Cita en Sevilla”, y después de haber rebasado ampliamente el primer trimestre del año 1.989 nuestros ediles estaban tan en desacuerdo unos con otros que todavía ni siquiera habían aprobado los presupuestos municipales de este año. Así que el Área de Cultura tuvo que utilizar los presupuestos prorrogados del año anterior. Por lo tanto no se podía tirar la casa por la ventana.

Menos mal que en el año anterior, aunque como recordaréis muchos perdieron dinero, el importe de los contratos de los distintos artistas iba a correr por cuenta de promotores particulares. Pero claro, las incertidumbres de la taquilla, y mucho más en esa Sevilla nuestra, hizo que éstos estuviesen cortitos a la hora de arriesgar el dinero, y de entrada, antes incluso de la presentación del cartel de este año, ya se habían caído de él las dos máximas estrellas que iban a darle relumbrón: Pink Floyd y Elton John.
Así que el presupuesto para la organización del evento iba a sumar 70 millones de pesetas, de los cuales los “arriesgados” promotores locales solamente iban a aportar 13 para traer gente a actuar… así que ya os podéis imaginar como fue el desfile de conciertos de este año por el Prado. El Ayuntamiento pondría 47, treinta de ellos para gastos de infraestructura y diecisiete más para gastos de producción.

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1990 – LA SÉPTIMA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

La Cita en Sevilla de 1.990 nació marcada por el mal rollo cuando la verdad es que desde el principio lo tenía todo a favor. Se contaba con un presupuesto de 143 millones de pesetas, de los que la División Cultural de la Expo ’92 iba a aportar 25. Y con las contrapartidas que implicaba esa aportación llegaron las discordias.
La Sociedad Estatal de la Expo ponía a disposición del Ayuntamiento 25 millones para esta Cita y 30 para la próxima, 13 millones más para el programa de Música Antigua de estos dos años, y otros 50 para la Bienal de Flamenco. Y en contrapartida, el Ayuntamiento cedía durante la celebración de la Expo a la Sociedad Estatal de forma gratuita todos los espacios escénicos municipales: el teatro Lope de Vega, el Teatro Alameda, el Auditorio del Prado, el Casino de la Exposición…

Sin embargo la oposición municipal consideró este trato como un “nuevo intento de avasallamiento de la ciudad por parte de la Expo”, y se negó en redondo a firmarlo. En realidad el problema de fondo era que durante 1.991, antes de la celebración de la Expo, habría nuevas elecciones municipales, y como los socialistas estaban ya tan quemados, prácticamente nadie confiaba en que volviesen a tener mayoría y nadie quería que se llevasen ellos los beneficios de estos dos años, y le dejasen la cultura hipotecada en el ’92 cuando el alcalde fuese de otro de los partidos. Jaime Bretón, concejal del grupo popular lo dejó bastante claro al decir que el alcalde Manuel Del Valle sabía que iba a perder esas próximas elecciones y que estaba buscándose un carguito como Consejero Delegado de la Expo, mientras el presidente de ésta, Jacinto Pellón, aspiraba a subir peldaños en la política sevillana: “Si Pellón quiere ser el alcalde de Sevilla, que se presente a las elecciones y las gane”.

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1991 – Y LA OCTAVA VEZ QUE NOS CITAMOS EN SEVILLA

Triste despedida. La octava CITA EN SEVILLA, que tuvo lugar durante la primavera de 1.991 fue la más desastrosa de todas, y no solo en lo que respecta a la programación, sino también a la organización, cambios de cartel, caídas de última hora, gestión de fechas… y por si fuera poco, coincidencia con otros espectáculos que a muchos de nosotros nos pusieron en el brete de tener que elegir; algo que en realidad es bueno porque eso implica que la oferta musical es variada, pero que en aquellos tiempos en que no estábamos nada acostumbrados a eso, nos fastidió bastante algunas noches.

Como siempre, en los prolegómenos de la Cita se hicieron oír los ediles del Partido Popular, esta vez acusando al alcalde de que la iba a utilizar con fines puramente electoralistas. Como quiera que el festival se iba a celebrar durante la campaña para las elecciones municipales, Jaime Bretón acusaba a Manuel del Valle de rentabilizar políticamente los eventos que tendrían lugar y aprovecharlos para desviarlos hacia las urnas.
Y es posible que la concejalía de cultura intentase hacerlo así porque la verdad es que se movió bastante intentando cerrar un cartel que fuese atractivo, pero se encontró con el problema de que la Guerra del Golfo, que tuvo sus momentos álgidos entre enero y abril, precisamente en los momentos de contacto con los artistas, había hecho que prácticamente todos los grupos y cantantes americanos que tenían previsto comenzar giras fuera de su país las retrasasen, con lo que no sirvieron de nada los avanzados contactos que se tuvieron con B. B. King, Suzanne Vega, Bonnie Raitt, Gloria Estefan, los New Kids on the Block… pero a pesar de todo lograron apuntarse el triunfo en el más ansiado de todos los intentos: íbamos a tener para cerrar la Cita nada menos que a Bob Dylan.
 
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Fuente:  http://davidgonzalezlira.blogspot.com.eshttp://www.blogin-in-the-wind.es

antoniocamel©2012

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