Cárcel del Castillo de San Jorge

Las primeras noticias escritas sobre el castillo datan de 1.178, cuando el infante don Sancho, hizo una acometida contra los moros de Sevilla, atacando el Castillo de Triana. Formalizado el cerco a Sevilla por el rey San Fernando en 1.247 se sucedieron los ataques al castillo aún ocupado por los moros, pasando a poder cristiano en 1.248.

En el siglo XV, los años y el estado civil de la monarquía dejaron obsoletas las fortalezas como el Castillo de Triana, cuyo cuidado se abandonó, siendo habitado por distintas familias, que mantenían el culto a la iglesia de San Jorge. En 1.481 fue ocupado por el Tribunal de la Santa Inquisición…

Siendo Inquisidor General de España Don Fernando Valdés, cardenal arzobispo de Sevilla, manda el traslado de el tribunal de la inquisición al Castillo de San Jorge, en el arrabal de Triana, que había sido edificado sobre los restos de una antigua fortaleza árabe, y que contaba con 26 cárceles dotadas de todas las “comodidades” propias de la institución, incluida la Iglesia de San Jorge, primitiva parroquia de Triana.

El Tribunal ocupó el Castillo de San Jorge hasta 1.626, en el que muy deteriorado por las fuertes arriadas hubo de abandonarlo. En 1.627 fue concedido al Conde Duque de Olivares para cuidar de su reparación y evitar el fraude de mercaderías que se realizaban en su puerta. Hacia 1.639, ya reparadas las ruinas, volvió a ocuparlo la Inquisición hasta su traslado definitivo en 1.785, debido a lo insostenible de su estado dada su antigüedad y afectación ante las continuas inundaciones.

Tras la marcha del Tribunal, se legó el castillo a la ciudad con tributo perpetuo por parte de la Real Hacienda, para su derribo, con el fin de comunicar el Altozano con la calle Castilla, quedando un solar en el que se construyeron viviendas y el Mercado de Abastos de Triana.

Sepultado bajo el Mercado permaneció, hasta que las obras de rehabilitación de éste permitieron descubrir los restos que se hallaban sepultados: la casa del portero, las cuadras, las casas del nuncio y el notario, la cocina, la bodega, la casa del Primer Inquisidor o la de los Familiares.

Cuenta la leyenda que estas cárceles eran calificadas por el mismísimo Santo Oficio en el S. XVII como “antros de horror, hediondez y soledad”, estaban orientadas al Altozano, a la calle San Jorge y a la calle Castilla.

Dentro del castillo se encontraba también la Iglesia de San Jorge, primitiva parroquia de Triana. Utilizadas para realizar sus autos de fe, primero las gradas de la Catedral, y más tarde en la Plaza de San Francisco, aunque la mayoría tuvieron lugar en la iglesia de Santa Ana, además de la de San Marcos y en el convento de San Pablo.

Cuentan que hoy todavía, en el llamado callejón de la Inquisición,se pueden escuchar, al amparo de las oscuridad y el silencio de la noche, el arrastrar de cadenas y los lamentos de los allí torturados por el “bien de la fe católica”. No sería extraño oír ruidos extraños en un sítio de tales características.

Fuente: http://sevillaciudaddeembrujo.blogspot.comhttp://leyendasdesevilla.blogspot.com 


antoniocamel©2011
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